Historia Cueva de la Pileta

La cueva de la Pileta es una cueva situada en Benaoján, provincia de Málaga en España. Es un yacimiento prehistórico con arte parietal del Paleolítico y restos neolíticos, descubierto en 1905 por José Bullón Lobato, y explorado y estudiado por Willoughby Verner, Henri Breuil y Hugo Obermaier. La cueva reúne numerosas pinturas y grabados de estilo francocantábrico con representaciones de cérvidos, caballos, peces, cabras, toros, una foca, un bisonte, signos abstractos y figuras indeterminadas. Se trata de un importante conjunto que aporta interesantes datos sobre la expansión del arte paleolítico fuera de sus áreas clásicas de desarrollo (norte de España y SO de Francia). Asimismo se han hallado también figuras negras esquemáticas del Eneolítico y restos materiales neolíticos (cerámica pintada e incisa). Es uno de los principales atractivos turísticos de la serranía de Ronda.

LA CUEVA DE LA PILETA Y LA FAMILIA BULLÓN

La Cueva de la Pileta está vinculada a la familia Bullón desde su descubrimiento por José Bullón Lobato (1870 – 1940), el agricultor que arrendaba la finca en la que se halla.

Fue un día de primavera de 1905 que José Bullón Lobato decidió explorar una sima próxima a su casa de la que salían cada anochecer bandadas de murciélagos. Su propósito era buscar guano para abonar las tierras y aumentar la producción, pues se las veía y deseaba para cumplir con una renta de casi media tonelada de trigo anual. La sima resultó ser la entrada a una gran cueva que le maravilló, y en la que halló huesos, cacharros de cerámica y pinturas en las paredes, representando animales y unos signos que nunca había visto.

Tras encontrar en sus primeras incursiones las primeras pinturas rupestres denominó al enclave Cueva de los letreros que más tarde tomó el nombre de la Pileta por el cerro en el que se encontraba.

La noticia no tardó en extenderse por los pueblos de los alrededores y en 1907 el coronel retirado Willoughby Verner, residente en la cercana ciudad de Algeciras, conoció la existencia de la cueva mientras se encontraba en la localidad de Jimera de Líbar.

Años después del hallazgo, en 1909, Willoughby Verner un militar británico retirado afincado en Gibraltar, que solía recorrer la zona llevado por su afición a la ornitología, supo del hallazgo de José y conoció la cueva guiado por éste.

Posteriormente en el año 1911 se escribió unos artículos «Letters from Wilder Spain. A mysterious Cave» para la revista inglesa The Saturday Review. que fueron leídos por el abate Henri Breuil, toda una autoridad en las culturas prehistóricas, despertando tanto su interés que organizó con otros investigadores como Hugo Obermaier, Pablo Wernert y Juan Cabré una expedición a la cueva en 1912. Aquella campaña vino a significar el descubrimiento científico de la cueva de la Pileta, pues los investigadores autentificaron y catalogaron las pinturas rupestres descubiertas.

Como consecuencia de estas visitas aparecería la monografía La Pileta a Benaojan: (Malaga) (Espagne) bajo el patrocinio del príncipe Alberto I de Mónaco.

La tarea duró más de un mes debido al elevado número de motivos gráficos que contenía la cueva, y habría durado más de no haber contado con la colaboración de José y los pequeños escalones que éste había ido labrando en los lugares más difíciles. Hasta entonces, José no había tenido una idea real de lo que había descubierto y de su importancia, pues como la mayoría de las personas de la época, nunca había oído hablar de culturas prehistóricas. Finalizada la campaña, los investigadores partieron preocupados por el destino que le esperaba a la cueva, instando a José a protegerla de cualquier daño, cosa que él aseguró, lo haría.

Fue así como una sencilla familia de agricultores se convirtió en pionera en la protección de un arte por entonces apenas reconocido, considerado posteriormente uno de los patrimonios más excepcionales del pasado de la Humanidad.

La relevancia de la cueva de la Pileta tuvo su reconocimiento en 1924, cuando fue declarada Monumento Histórico Nacional y nombrado Guarda Oficial de la misma a Tomás BullónGarcía (1902 – 1961), el primogénito de José. Ese mismo año de 1924, Tomás había descubierto la entrada por la que se accede actualmente a la cueva, un hallazgo que facilitó en gran medida la visita de la estación rupestre.

Cabe destacar también entre los hallazgos de Tomás, el descubrimiento en 1933 de una galería de un kilómetro de longitud llamadas Nuevas Galerías y las Galerías del SEU donde se localizaron esqueletos humanos, entre sus proezas, el haber sido la primera persona en descender hasta el fondo de la Gran Sima, un pozo vertical de más de setenta metros de profundidad y, entre sus obras, los trabajos de acondicionamiento que hicieron factible la visita del público.

En la década de 1940 se procedió a acondicionar el interior de la cueva tallando escalones allí donde era necesario con el objetivo de facilitar el tránsito por su interior.1No sería hasta 1992 cuando los hijos de Tomás Bullón acompañados por el grupo de espeleólogos del Grupo Espeleológico Alpino Rondeño (GEAR) de Ronda descubrieron un nuevo tramo en la cueva de 250 metros de longitud.

Tomás, llamado por las crónicas “el hijo de la cueva”, fallecería sin ver la carretera que abrió definitivamente las puertas de la cueva al mundo. Construida en los años sesenta, desde el municipio de Benaoján (Málaga), representó el final del aislamiento de un en clave al que sólo se podía acceder tras recorrer a pié o en caballerías casi cuatro kilómetros de sendas. Tomás dedicó su vida a las tareas propias del campo y a la cueva, siempre vigilante y atento cuando era requerido para mostrar sus maravillas. Logró, poco antes de morir, la aspiración de todo agricultor, ser el propietario de las tierras que trabajaba, el Rancho de Harillo y, por consiguiente, de la cueva que éstas ocultaban. Los hijos varones de Tomás “echaron los dientes” en la cueva como su padre. Éste les había inculcado un respeto casi reverencial por ella, transmitiéndoles también un valioso bagaje desconocimientos, adquiridos en su relación con los más destacados investigadores del tesoro cultural que el destino había puesto en sus manos.

La labor de los hermanos Bullón, Eloy (1932 – 1996), Tomás (1936 ­ 2012), José Antonio y José, empezó a principios de los años cincuenta: ampliaron la anchura de los escalones que jalonan la cueva (de cincuenta centímetros a un metro), completaron el cerramiento de seguridad de las tres bocas de acceso, descubrieron en 1992 una galería virgen de doscientos cincuenta metros de longitud, hallaron pinturas y grabados rupestres que habían pasado desapercibidos a otros…La aportación fundamental de los hermanos Bullón fue establecer un plan de uso y gestión del enclave acorde con el espíritu de conservación que debe dirigir el tratamiento de todo bien a proteger.

Hoy, cuando gran parte del arte rupestre descubierto en España ha desaparecido o es apenas reconocible, la cuarta generación de la familia, José Tomás y Rosario, continúa guiando los pasos de los visitantes por el continente y contenido de una estación rupestre que se muestra en excelente estado de conservación, “congelada en el tiempo” por una labor secular apenas conocida que es ejemplo en la difícil tarea de proteger y conservar el primer arte, el llamado Arte de las Cavernas.

Geológicamente la Sierra de Grazalema, junto al resto de las denominadas zonas externas de la cordillera Bética, tuvo su origen en los sedimentos calcáreos depositados en el fondo del mar de Thetys a partir del periodo jurásico. Estos sedimentos fueron elevados durante la orogenia alpina como consecuencia de la colisión de la microplaca de Alborán y la placa ibérica durante el mioceno inferior.
A partir de su emersión el conjunto calcáreo se vio sometido a la acción erosiva de los agentes ambientales. La sierra de Líbar, en cuya vertiente oriental se encuentra La Pileta, actuó desde un principio como vía de drenaje de las aguas del cercano río Guadiaro aprovechando las aguas las grietas abiertas en la roca durante el plegamiento del cerro. De este modo la cueva va progresivamente formándose y ensanchando sus galerías desde el plioceno.

En una primera etapa la cueva permanece totalmente inundada al encontrarse por debajo del nivel del río. Progresivamente a lo largo del pleistoceno y conforme el cauce del Guadiaro forma el valle en el que hoy se encuentra van quedando galerías libres de agua mientras que se forman otras en niveles inferiores. Corresponden a esta etapa de formación de la cueva la génesis de gran parte de las estructuras estalagmíticas presentes por la filtración de agua a través de las grietas de techos y paredes y el arrastre de minerales disueltos.

Con posterioridad a la bajada del nivel del río debió producirse un segundo fenómeno de inundación en la cueva, provocado quizás por el cierre temporal de las vías de drenaje al exterior, que ocasionaron un nuevo episodio erosivo que tuvo como consecuencia la formación de olas de erosión y el desgaste de paredes y columnas.

Tras la posterior desaparición de las aguas subterráneas el sistema de galerías queda expuesto y se abre la entrada principal por la rotura de la montaña en una falla que dará también lugar al polje Harilla situado a los pies de la ladera.

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