PARQUE NACIONAL Y NATURAL SIERRA DE LAS NIEVES

La Sierra de las Nieves se localiza en el extremo suroeste de la Cordillera Bética, enmarcándose en la porción más elevada de la Serranía de Ronda (Málaga), constituyendo las montañas más elevadas de la Andalucía occidental, con los 1919 metros de altura del Pico Torrecilla. Su estratégica ubicación geográfica, unida a su particular conformación geológica y orográfica, y la consiguiente complejidad del sustrato, hace que la vegetación se caracterice por su elevada diversidad. La Sierra de las Nieves es un importante refugio para la fauna silvestre. En ella se localizan, fundamentalmente, especies típica de media y alta montaña.

El nombre del parque desvela la presencia de nieve en sus altas cumbres, que antiguamente se mantenía durante todo el año. Los lugareños la almacenaban en los neveros y aprovechando las noches la bajaban mediante mulas, distribuyéndose por pueblos y ciudades.

El Parque Nacional con 22.979,76 hectáreas, comprende los municipios de Benahavís, El Burgo, Istán, Monda, Parauta, Ronda, Tolox y Yunquera, además de aquellos que conforman su zona periférica de protección: Alozaina, Casarabonela, Guaro, Igualeja, Ojén y Serrato.

Sierras blanquecinas y calizas de abruptas formaciones se contraponen con montes alomados de colores rojizos en el Parque Nacional y Parque Natural Sierra de las Nieves, un espacio ubicado al este de la ciudad de Ronda (Málaga).

Los montañeros tienen en este parque una cita con el Pico Torrecilla, de 1.919 metros de altitud, mientras que los amantes de la espeleología prefieren simas y pozos naturales como la del GESM con 1.101 metros de profundidad. Tanto en superficie como en el mundo subterráneo se suceden caprichosas formaciones kársticas originadas por la erosión y posterior precipitación de las calizas. En las cotas más bajas, las peridotitas tiñen de rojo el paisaje. Se trata de unas rocas mucho más impermeables que las calizas y con una especial composición que favorece la aparición de interesantes especies de flora.

De su elevada diversidad biológica da muestra también un inventario florístico que supera las 1.400 especies de plantas, de las cuales, 15 están amenazadas, como el pinsapo, el quejigo de alta montaña y el tabaco gordo. En lo que respecta a la fauna, están presentes casi 200 especies de vertebrados, 14 de ellas incluidas en el Catálogo Andaluz de Especies Amenazadas. La cabra montés, asociada al carácter montañoso de esta sierra, es una de sus especies más emblemáticas.

Otro atractivo de la sierra son los bosques de pinsapos que sobreviven en su interior. Este abeto mediterráneo se halla en las frías y húmedas umbrías; una reliquia botánica que se remonta a la época glaciar de la península. Hoy día sólo se encuentra en esta sierra, en la Sierra de Grazalema y en Los Reales de Sierra Bermeja, siendo la población de Sierra de las Nieves la de mayor tamaño. Algunos de estos árboles rondan los 500 años de edad, como el de la Escalereta, declarado Monumento Natural. Descendiendo en altura destacan las encinas y alcornoques de los montes de Istán y Monda o algunas manchas de algarrobos y castaños en los de Tolox y Parauta. Una forma amena de conocer toda esta diversidad forestal es realizando alguno de los recorridos de ciclomontañismo como el de Monda-Istán.

El Parque Nacional y Natural cobija entre los mamíferos a la cabra montés, fácil de observar en las cotas más altas. Otras especies de interés son el corzo y la nutria, presente en sus ríos. Entre las aves, abundan las grandes rapaces, como el águila real y la perdicera y el búho real. También las propias de los bosques, como el azor y el gavilán.

Este espacio fue habitado por muchas culturas, pero, sin duda, serían los musulmanes los que marcarían en mayor medida el legado histórico de la zona. Ejemplo de ello son los castillos y murallas que existen en Monda, El Burgo, Istán o Tolox. La influencia árabe también está presente en su gastronomía con las gachas de harina con miel, el queso de almendras o la sopa de los siete ramales. Otra visita recomendable en esta zona es a la localidad de Ronda, famosa por su tajo y por albergar la plaza de toros más antigua del país.

Este espacio protegido alberga, además, un rico patrimonio cultural e histórico en el que los primeros vestigios humanos de la prehistoria se solapan con legados fenicios, íberos, romanos, visigodos y, sobre todo, musulmanes. A estos se les debe la extensa red de alquerías, castillos, torres, fortalezas y alcazabas, y también importantes transformaciones agrícolas, definidoras del paisaje con huertas, acequias, albercas, aljibes, norias, molinos harineros y batanes.

DATOS PARQUE NACIONAL


  • Superficie:
    • Superficie total: 22.979,76 ha.
    • Zona periférica de protección: 75.119,86 ha.
    • Área de influencia socioeconómica: 134.140 ha.
  • Provincia: Málaga.
  • Comunidad Autónoma: Andalucía.

La gestión del Parque Nacional de la Sierra de las Nieves corresponde en exclusiva a la Comunidad Autónoma de Andalucía.

  • Reconocimientos internacionales:
    • Reserva de la Biosfera (1995).
    • Carta Europea de Turismo Sostenible (2004)
    • Reserva de la Biosfera Intercontinental del Mediterráneo (2006)
    • Red Natura 2000 (2012)

HISTORIA DEL PARQUE NACIONAL


Desde el descubrimiento científico de la especie más emblemática de la Sierra de las Nieves, el Pinsapo (Abies pinsapo), allá por 1837, de la mano del insigne botánico suizo Edmond Boissier, las inquietudes e iniciativas a favor de la Protección y conservación de estas sierras, sus valores naturales y especialmente sus pinsapares han sido continuas y se remontan al inicio de la conservación de espacios naturales en el continente europeo.

Posteriormente, los ingenieros de montes Antonio Laynez, en 1858, y Máximo Laguna, en 1868, o científicos de la talla de Barbey, Ceballos, Vicioso, Martín Bolaños, Roger Ducamp o Gross, se ocuparon a lo largo de los últimos años del siglo XIX y primeros del XX de publicar y proponer medidas de protección para los pinsapares, los quejigales de montaña y los paisajes y recursos naturales de estas sierras.

La declaración del Parque Nacional ha tenido una larga historia adaptada a las condiciones políticas y socioeconómicas reinantes en cada momento, lo que hizo que se prolongara en el tiempo.

En el año 1914 aparecen las primeras voces que piden la catalogación del pinsapar de la Sierra de las Nieves como espacio protegido, seguidas de la propia referencia a estos pinsapares como futurible Parque Nacional que se hace en la exposición de motivos del texto del Real Decreto publicado el 24 de febrero de 1917, como desarrollo de la pionera promulgación de la primera Ley de Parques Nacionales del mundo en 1916. Pero podríamos decir que la primera petición oficial para la protección legal del pinsapar de la Sierra de las Nieves se produce en 1934 a través del Ayuntamiento de Ronda, como lo acreditan varios documentos de su archivo histórico, donde muestran manifiesto interés en aquel entonces por proteger el pinsapar de la Sierra de las Nieves bajo la figura de Sitio Natural de Interés Nacional.

Tras estas primeras iniciativas, tuvo lugar la guerra civil española, con lo que la propuesta quedó en el olvido ante las muchas necesidades imperiosas que había en la España de la posguerra y que retrasaban cualquier iniciativa semejante a tiempos mejores. Una vez implantada la democracia y constituidas las comunidades autónomas, en el año 1989 se produjo la declaración por parte de la Junta de Andalucía del Parque Natural Sierra de las Nieves (Ley 2/1989, de 18 de julio, por la que se aprueba el inventario de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía y se establecen medidas adicionales para su protección). Con esta medida, se inició la protección efectiva de los valores naturales del espacio, al tiempo que también se pusieron en valor mediante su difusión.

La declaración del Parque Natural sirvió además para que, en poco tiempo, tanto por el efecto de participación y conocimiento en el seno de su Junta Rectora como por algunos agentes sociales del territorio, se lograra trasladar y difundir al conjunto de la ciudadanía local lo extraordinario de sus valores ambientales, así como la necesidad de compatibilizar la conservación de los mismos con un acorde y sostenible desarrollo social, económico y de mejora de la calidad de vida de su pobladores humanos. Fruto de esa creciente conciencia local, nacen iniciativas como la declaración como Reserva de la Biosfera de la UNESCO, en 1995, o la renovación de la antigua aspiración de declaración de la Sierra de las Nieves como Parque Nacional.

En esa evolución, en el año 2011 se produjo otro acontecimiento de importancia: en sesión plenaria de fecha 29/12/2011, la Junta Rectora del parque natural, después de muchos años de debate y consideraciones previas, tomó el acuerdo de solicitar a la entonces Consejería de Medio Ambiente la realización de estudios previos sobre la viabilidad real de declarar un parque nacional en el territorio vinculado a Sierra de las Nieves. La Consejería competente en el año 2012 había elaborado un informe-propuesta sobre los valores existentes y las posibilidades de declaración bajo tal figura, concluyendo que la mayor parte del territorio que se proponía cumplía los requisitos necesarios para su declaración bajo la figura de Parque Nacional. Fruto de esta demanda la citada Consejería de la Junta de Andalucía inició los estudios pertinentes que confirmaron la viabilidad del proyecto y sentaron las bases de su actual delimitación geográfica.

Contando con la unanimidad de todos los Ayuntamientos representados y con un resultado de votación de amplia mayoría, la Junta Rectora acordó en 2014 instar a la Junta de Andalucía a que iniciara el procedimiento necesario para la declaración del Parque Nacional.

Este proceso culmina en 2021 con la declaración del Parque Nacional mediante la aprobación de la Ley 9/2021, de 1 de julio, de declaración del Parque Nacional de la Sierra de las Nieves.

Sierra de las Nieves, Reserva de la Biosfera

Sin duda, otro hito muy relevante fue la declaración de la Reserva de la Biosfera Sierra de las Nieves por parte de la UNESCO el 15 de junio de 1995. Esta Reserva de la Biosfera, que se extiende por una superficie de 93.930 hectáreas, acogía el Parque Natural Sierra de las Nieves, con entonces una superficie aproximada de 20.131 hectáreas. La designación de la Reserva de la Biosfera fue promovida por las autoridades locales y los agentes económicos de la zona, abanderados por la Mancomunidad de Municipios Sierra de las Nieves.

Esta declaración sentó las bases del compromiso adquirido por las autoridades y la población de la zona en la consecución de un modelo de vida en el que se promueva un desarrollo social y económico compatible con la protección y conservación de un importante patrimonio natural, cultural y etnográfico. Asimismo, a partir del año 2006, este territorio fue a su vez integrado en la Reserva de la Biosfera Intercontinental del Mediterráneo, que une territorios de Andalucía y Marruecos.

VALORES NATURALES


PATRIMONIO GEOLÓGICO


En relación con los valores geológicos del ámbito territorial que abarca el Parque Nacional, cabe destacar principalmente dos aspectos: la belleza de sus paisajes kársticos y la singularidad del afloramiento de peridotitas.

En cuanto al patrimonio geológico de la Sierra de las Nieves, mayoritariamente aparecen las denominadas sierras blancas, constituidas por rocas sedimentarias de calizas y dolomías, que se solapan con las llamadas sierras pardas, compuestas por rocas ígneas  peridotitas), que se vuelven rojizas por la oxidación del hierro que contienen, y las rocas metamórficas (gneises, pizarras y filitas).

Las rocas calizas o carbonatadas dominan los dos tercios septentrionales del Parque Nacional, alcanzándose las máximas altitudes del espacio protegido en el pico Torrecilla (1.919 metros) y Cerro Alto (1.814 metros). Estas cotas son, asimismo, las más elevadas de Andalucía occidental. El carácter soluble de las rocas calizas ante el agua de las precipitaciones ha generado un peculiar relieve denominado kárstico, en el que abundan los tajos, dolinas, lapiaces, simas y manantiales. A destacar, el mayor sistema de cavidades subterráneas de la mitad sur de la Península Ibérica, en el que se encuentran innumerables simas, entre las que destaca la GESM, que con 1.101 metros de profundidad es la más honda de Andalucía. Este impresionante endokarst está vinculado a la existencia de una gran masa de agua subterránea o acuífero, que en algunas zonas posee hasta 1.500 metros de espesor, y que descarga en los nacimientos de tres importantes ríos de la provincia de Málaga: Grande, Genal y Verde.

En el tercio meridional abundan las rocas ultrabásicas o peridotitas, ocupando una importante porción del afloramiento malagueño de este tipo de materiales. En la Sierra de las Nieves forman relieves abruptos con grandes desniveles, al alcanzarse casi 1.500 m. a muy pocos kilómetros de distancia de la costa. Es de extraordinario interés geológico este macizo de peridotitas, el cual representa una porción del manto litosférico subcontinental, emplazado tectónicamente durante la orogenia alpina sobre un conjunto de rocas metasedimentarias constituyendo uno de los afloramientos de material del manto terrestre de mayor envergadura del planeta, cuyo espesor se ha estimado en unos 4,5 kilómetros.

Desde el punto de vista geomorfológico, la Sierra de las Nieves se caracteriza por la confluencia de las siguientes características:

  • La diversidad y amplitud de sus paisajes kársticos.
  • Constituye uno de los mejores ejemplos del karst mediterráneo en transición con la alta montaña.
  • Presencia de formas nivales a muy pocos kilómetros de la costa.
  • Presencia de viejas topografías kársticas en las cumbres.
  • Existencia de manantiales y surgencias de agua (algunas destacan por sus grandes caudales o las propiedades medicinales de sus aguas).
  • Existencia de un profundo karst mediterráneo subterráneo con una dilatada evolución morfológica (sistemas sima GESM – sima de la Luz, sima del Aire, sima Prestá y sima del Nevero).

DIVERSIDAD BIOLÓGICA


Como consecuencia de su estratégica situación geográfica, climatología, variabilidad geológica, abrupto relieve y gran rango altitudinal, el Parque Nacional de la Sierra de las Nieves posee una amplia variedad de hábitats que permite albergar gran diversidad biológica.

Flora y vegetación

Dentro de las denominadas sierras blancas, incluidas en el sector biogeográfico Rondeño, se incluye a las sierras calcáreas y dolomíticas, que poseen una vegetación muy rica y variada. En las áreas basales, más térmicas y secas, dominan los sabinares y pinares de pino carrasco y se encuentran formaciones de ribera dominadas por saucedas y adelfares. En las zonas de media montaña están presentes encinares, pinsapares, sabinares y pinares mixtos con presencia de pinsapos, mientras que en la meseta más elevada es característico

el bosque caducifolio adehesado de quejigos de montaña, salpicado de ejemplares de arces, mostajos y tejos. Por su parte, en las cumbres se localizan los enebrales-sabinares típicos de la alta montaña mediterránea.

Las sierras pardas, que se encuadran en el sector biogeográfico Bermejense, caracterizado por la naturaleza ultrabásica de sus materiales (serpentinas y peridotitas), pobres en nutrientes y ricos en metales pesados y que resultan tóxicos para muchas plantas, se caracterizan por constituir un importante núcleo de biodiversidad al poseer una flora altamente especializada, con un área de distribución muy reducida. Aquí, son dominantes los pinares de pino resinero, que en zonas elevadas y umbría son sustituidos por pinsapares. Bajo

ellos se desarrolla un sotobosque de madroños, coscojas, enebros de la miera, brezos y herbáceas, algunas de las cuales son exclusivas de este tipo de suelos. En los arroyos, son características las saucedas, adelfares y juncales, y también encuentran refugio especies muy singulares, como Galium viridiflorum o Erica terminalis.

Por otra parte, el sector biogeográfico Aljíbico, definido por sus suelos ácidos y elevadas precipitaciones, se encuentra ubicado al sur y suroeste del Parque Nacional. Dentro de este sector predominan los sustratos de naturaleza esquistosa (filitas y gneises paleozoicos), y la formación vegetal que aparece mejor representada es el alcornocal, que se enriquece con pies dispersos de pinsapos en enclaves especialmente húmedos. En los cursos de agua son frecuentes las saucedas y adelfares, dando lugar a paisajes de singular belleza.

Riqueza florística

En cuanto a su riqueza florística, el Parque Nacional cuenta con al menos 1.413 taxones de plantas vasculares, lo que supone un 13,5 % de la flora vascular española, y 257 especies de briófitos identificadas hasta el momento, lo que hace que el conjunto de Sierra de las Nieves sea uno de los puntos de mayor diversidad florística del país.

También debemos mencionar la presencia de 15 especies incluidas en el Catálogo Andaluz de Especies Amenazadas, entre las que destacan el pinsapo (Abies pinsapo), el tabaco gordo (Atropa baetica), catalogadas “En Peligro”, y Galium tunetatum, considerada Extinta, aunque posteriormente ha vuelto a ser localizada en el Parque Nacional, así como otras 12 especies catalogadas como “Vulnerables”, entre las que se encuentra el quejigo de alta montaña (Quercus alpestris). En el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial se incluyen además otras 17 especies, tejo (Taxus baccata), cerezo de Santa Lucía (Prunus mahaleb), mostajo (Sorbus aria), ciruelo silvestre (Prunus insititia), sauce sarga (Salix eleagnos), narciso (Narcisus bugei), etc.

En cuanto a endemicidad, existe un buen número de especies y subespecies que son exclusivas del sector rondeño, la cordillera Bética o la península Ibérica y el norte de África.

Fauna

La Sierra de las Nieves posee una elevada diversidad faunística, con casi 200 especies de vertebrados registradas, entre las que destacan las aves como grupo mejor representado, con unas 120 especies. Entre ellas se pueden citar el águila real (Aquila chrysaetos), águila perdicera (Aquila fasciata), halcón peregrino (Falco peregrinus), búho real (Bubo bubo), chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax), roquero solitario (Monticola solitarius), roquero rojo (Monticola saxatilis), colirrojo real (Phoenicurus phoenicurus), avión roquero  (Ptyonoprogne rupestris), vencejo real (Apus melba), escribano montesino (Emberiza cia) o collalba negra (Oenanthe leucura), entre otras muchas. El colirrojo real cuenta en los pinsapares maduros de la Sierra de las Nieves con uno de los más importantes núcleos reproductores para la especie en el sur de la Península Ibérica.

Los mamíferos también poseen una importante representación, mereciendo especial mención la cabra montés (Capra pyrenaica hispanica), asociada al carácter montañoso de estas sierras. Asimismo, es destacable la presencia del corzo andaluz (Capreolus capreolus), vinculado a los bosques de quercíneas, y carnívoros como el meloncillo (Herpestes ichneumon), tejón (Meles meles), garduña (Martes foina), gineta (Genetta genetta) y nutria (Lutra lutra). Por su diversidad y grado de amenaza, tienen gran importancia los quirópteros,

con especies cavernícolas como el murciélago grande de herradura (Rinolophus ferrumequinum), murciélago ratonero grande (Myotis myotis), murciélago ratonero mediano (Myotis blythii), y especies forestales como el nóctulo grande (Nyctalus lasiopterus) y el nóctulo pequeño (Nyctalus leisleri). Entre los roedores destaca la presencia del lirón careto (Elyomis quercinus) y el topillo mediterráneo (Microtus duodecimcostatus).

Respecto a los reptiles se encuentra el galápago leproso (Mauremys leprosa) o la lagartija andaluza (Podarcis vaucheri), así como los eslizones tridáctilo (Chalcides striatus) e ibérico (C. bedriagai) y la víbora hocicuda (Vipera latastei).

Entre los anfibios destaca la subespecie de salamandra común, Salamandra salamandra longirostris, sólo presente en las sierras de Cádiz y Málaga, el sapillo pintojo ibérico (Discoglossus galganoi), el sapillo moteado ibérico (Pelodytes ibericus) y el sapo común (Bufo spinosus).

En cuanto a la fauna piscícola, cabe citar la presencia del cacho de Málaga (Squalius malacitanus), endemismo de las provincias de Málaga y Cádiz, y del pez fraile o blenio de río (Salaria fluviatilis), especie amenazada que encuentra en la Sierra de las Nieves sus últimos reductos en Andalucía.

En el grupo de invertebrados, la especie más significativa es el cangrejo de río autóctono (Austropotamobius pallipes), aunque también es destacable la presencia de libélulas amenazadas como Macromia splendens, Oxygastra curtisii y Gomphus graslinii.

Entre los caracoles terrestres es de destacar la presencia de especies rupícolas como Chondrina calpica, Pyramidula rupestris o Iberus gualtieranus.

Respecto al grado de amenaza, existen 14 especies incluidas en el Catálogo Andaluz de Especies Amenazadas, de las que 2 se consideran “En Peligro”, como el cangrejo de río autóctono y la libélula Macromia splendens, y 12 “Vulnerables”, estando presentes entre ellas especies tan representativas como el águila perdicera, colirrojo real y al menos 7 especies de murciélagos.

BOSQUES DE PINSAPO


Los pinsapares constituyen una de las formaciones vegetales más singulares de la Península Ibérica debido a la importancia ecológica de su especie dominante (Abies pinsapo) y a su escasa extensión, estando su distribución restringida a las provincias de Málaga y Cádiz, en la Sierra de las Nieves, Sierra Bermeja y Sierra de Grazalema. En el Parque Nacional se encuentra el 72,5% de las masas de pinsapar que sobreviven hoy día.

Es la única manifestación de abetal que se desarrolla en un ámbito estrictamente mediterráneo dentro de la Península. Su distribución es consecuencia de su aislamiento biogeográfico en zonas en las que las características ecológicas son muy parecidas a las que pudieron existir en épocas pasadas. Esto ha provocado un aislamiento genético y, en consecuencia, una evolución independiente de la de otros abetos circunmediterráneos.

Se trata de una formación forestal de carácter relicto, constituida por un dosel arbóreo denso, frecuentemente monoespecífico y dominado por Abies pinsapo, y que asemeja la fisonomía de un bosque boreal de coníferas inmerso en una región de clima mediterráneo.

Ocupa localidades caracterizadas por un ombroclima húmedo e hiperhúmedo, con una estación seca y cálida que salvan refugiándose en orientaciones de umbría situadas entre los 1.000 y 1.800 metros de altitud, donde las temperaturas no son tan extremas y el efecto del estiaje se amortigua.

En la Sierra de las Nieves es especialmente destacable la presencia de masas de pinsapos sobre peridotitas, en enclaves donde las condiciones ecológicas que confluyen son especialmente particulares. Estos pinsapares ocupan zonas muy húmedas y umbrías sobre un sustrato edáfico rico en metales pesados, que resulta tóxico para gran parte de las especies vegetales, condicionando por tanto la composición florística y las comunidades vegetales que lo acompañan, que adquieren un alto grado de endemicidad y exclusividad.

QUEJIGAL DE ALTA MONTAÑA


Quercus alpestris presenta un importante valor botánico y ecológico, pues constituye las formaciones de quejigos desarrolladas a mayor altitud de la Península Ibérica, en cotas comprendidas entre los 1.600 y 1.800 metros (piso supramediterráneo) con ombroclima húmedo a hiperhúmedo. Además, también es original por desarrollarse sobre sustrato básico y en suelos poco profundos.

Se trata de una formación única, adehesada, dominada por ejemplares de quejigo muy viejos, de más de 300 años, en muchos casos con troncos ahuecados y con un porte característico modelado por el efecto de la nieve. Esta envejecida arboleda está acompañada de pies salpicados de pinsapos, arces, tejos y mostajos, y una orla espinosa de agracejos y majuelos.

FLORA Y FAUNA


VALORES CULTURALES


La Sierra de las Nieves es un territorio lleno de historia y cultura, resultado de una situación privilegiada entre el mar Mediterráneo y la depresión Bética, en las cercanías del continente africano, lo que sin duda ha marcado tanto sus características físicas como sus peculiaridades etnográficas y culturales. A lo largo de los siglos, la actividad humana ha ido modelando el territorio en consonancia con las necesidades de las diferentes culturas que han pasado por él, desde la prehistoria a la manteniendo una intensa relación con la naturaleza, lo que ha generado un rico patrimonio histórico.

Patrimonio histórico y monumental

Los primeros vestigios humanos de los que hoy se tiene constancia en la Sierra de las Nieves corresponden a restos de herramientas líticas del Paleolítico Superior con cronologías que abarcan entre los 200.000 a 300.000 años encontrados en el paraje de El Juanar, en Ojén. No obstante, los testimonios más numerosos de la Prehistoria datan del Neolítico, donde, en estas grandes sierras calizas, encontramos multitud de cuevas y abrigos que atesoran un importante legado arqueológico y pictórico rupestre, como las cuevas de la Tinaja, en Tolox; la de las Vacas y la sima de las Tinajas, en la pedanía de Jorox, en Alozaina; la cueva del puerto del Viento, entre Ronda y El Burgo, así como numerosos talleres líticos como el de Ardite, entre Alozaina y Guaro, o los varios de El Burgo. También destacan de esta época restos de algunos asentamientos y numerosos dólmenes, como el de la Laja en El Burgo, el de la Giganta en Ronda, o los ricos en restos de Los Almendrillos y el Tesorillo de las Llanás, en Alozaina, en los que ídolos, adornos, hojas de sílex y hachas pulimentadas, ya dejan notar una temprana dedicación a la agricultura de las poblaciones locales.

La llegada de los pueblos colonizadores orientales (fenicios, griegos, púnicos) a las costas mediterráneas provocan unos importantes cambios socioeconómicos y culturales en las poblaciones locales, los pueblos íberos, de cuya presencia existe importantes vestigios relacionados con determinados asentamientos, espacios fortificados, santuarios, necrópolis, principalmente en el entorno de Ronda, donde sobresalen la Silla del Moro y las fases tempranas de la ciudad de Acinipo y de la de Arunda. En la zona este aparecen vestigios iberos en Monda, Guaro, Alozaina, Casarabonela entorno a un potente oppidum ibérico, el del cerro del Aljibe, a los pies de río Grande.

La Sierra de las Nieves no escapó a los efectos del expansionismo romano, que integró en su extenso imperio socioeconómico y cultural, un enorme territorio. De una extraordinaria importancia en la zona aparecen restos de varias calzadas, como la de Monda, y aprovecharon las tierras llanas, fértiles y próximas a cauces fluviales para instalar numerosas explotaciones agrícolas, las villae (que aparecen en alto número en Ronda, Serrato, Casarabonela, Guaro, Alozaina…), que sometieron a una importante transformación a los paisajes con la intensificación de la explotación de los cultivos de cereal, vid y olivo para exportación. Los romanos debieron aprovechar también los recursos silvícolas y pastoriles de los espacios serranos, pero su huella en estos ámbitos o es menos visible o ha pasado más desapercibida. Esa transformación también afectó a los residentes, que con el tiempo debieron adoptar el latín y la cultura romana hasta tal punto que en el territorio que ocupa la Sierra de las Nieves y sus inmediaciones, se fundaron varias ciudades romanas que evolucionaron de núcleos protourbanos previos. El caso más singular es el de la espectacular ciudad romana de Acinipo, que conserva uno de los teatros romanos mejor conservados del mundo y que llegó a contar con una ceca para acuñar moneda.

La crisis del imperio romano desatada entre los siglos III y IV dio paso a un período de inestabilidad y vacío de poder aprovechado por los llamados pueblos bárbaros (visigodos, suevos, vándalos y alanos), que conllevó unos dramáticos cambios en todo el orbe romano y, por supuesto, en la Sierra de las Nieves. Muchas ciudades perdieron población a favor de las zonas rurales (Acinipo se abandona en estos momentos y cobra mayor importancia Arunda, origen de la actual Ronda) donde las villae se engrandecen en un contexto económico mucho más ruralizado, se dotan de bellos mosaicos, termas -como la de Morosanto (Ronda) o la del Polvillar (Guaro)- y cuyos propietarios, grandes y acaudalados terratenientes, empiezan a detentar un creciente control y poder sobre la población campesina local, unas gentes cada vez más dependientes de estos señores/potentiores. Muchos campesinos, para huir de esa dependencia, de ese temprano proceso de servidumbre y de una espantosa presión fiscal, huyen a los espacios serranos, a lugares poco accesibles, donde fundan pequeños asentamientos con algunos sencillos elementos defensivos, lugares en los que desarrollan una agricultura y ganadería de subsistencia.

La llegada de los musulmanes supuso un importante cambio. A nivel social se produjo la convivencia de mozárabes (cristianos bajo dominio musulmán), muladíes (neomusulmanes), beréberes y árabes. De estos primero siglos medievales y asociados a la revuelta del famoso caudillo muladí Omar Ibn Hafsún, existe cientos de pequeños asentamientos y fortalezas, también algunas iglesias rupestres destacando la de Alozaina y Ronda. La derrota de los hafsuníes y de los muladíes de todo al-Andalus y la imposición del Estado andalusí de manos de los Omeyas, que establecieron su fabulosa capital en Córdoba, supuso un importante cambio en el patrón de asentamiento en la Sierra de las Nieves, pues muchas pequeñas poblaciones se abandonaron y sus gentes fueron trasladadas a otras áreas más fácilmente controlables por el poder cordobés. 

A los musulmanes no sólo se les debe la extensa red de alquerías, castillos (Istán, Monda, Tolox, Yunquera, El Burgo, Casarabonela), torres (Guaro, Benahavís…), fortalezas -germen mismo de la mayoría de los pueblos- y alcazabas, sino también importantes transformaciones agrícolas de extraordinaria riqueza siendo la agricultura irrigada uno de los mayores legados: al secano se une un paisaje nuevo, el de las huertas, avenadas por infinitas acequias y llenas de un extenso y extraordinario patrimonio ligado al agua: albercas, aljibes, norias, molinos harineros, batanes… que podemos contemplar en Istán, Ojén, Monda, Guaro, Tolox, Alozaina-Jorox, Casarabonela o Yunquera

Tras la conquista cristiana, culminada en 1492, las mezquitas se arrasaron, quedando en pie en el mejor de los casos el alminar ahora transustanciado en campanario -son los casos del alminar de Santisteban, en Ronda, o de los campanarios de las iglesias de Ojén, El Burgo e Igualeja- y se construyeron en su lugar iglesias y ermitas. El paisaje y el paisanaje, cambian nuevamente y con ello los nombres de lugar: se abandona paulatinamente la toponimia andalusí por otra cristiana que en algunos casos conserva algunos topónimos precedentes, hoy día de gran valor documental.

Los cristianos trataron de asimilar malamente a la población musulmana, ahora bajo el estatuto de moriscos o cristianos nuevos, desatándose varias revueltas y levantamientos que acabaron con la expulsión de los moriscos y la repoblación con gentes cristianas procedentes mayormente de la Baja Andalucía y de Extremadura. Con la expulsión de los moriscos se puede dar por finiquitado el período andalusí en la Sierra de las Nieves.

De épocas más recientes destaca la belleza de los pueblos encaramados en las laderas de las montañas, o sobre prominentes montículos, a modo de compacto grupo de casas blancas en los que siempre son de reseñar como construcciones singulares las iglesias, algunas casas señoriales o infraestructuras hidráulicas como fuentes y lavaderos públicos. Sin embargo, lo más destacable de la zona desde el punto de vista monumental es, sin duda, la ciudad de Ronda, cuna de la tauromaquia, y en el que su Puente sobre el Tajo o la plaza de toros, son mundialmente conocidas.

Patrimonio etnográfico

La relación del Ser Humano con el medio natural en la Sierra de las Nieves a lo largo de miles de años no sólo nos ha legado un extenso y extraordinario patrimonio arqueológico y constructivo monumental, de esa relación también han surgido otros patrimonios más relacionados con las actividades económicas tradicionales. Y es que esta enorme diversidad de suelos, de nichos ecológicos, de climas han puesto a disposición del ser humano una ingente cantidad de recursos que ha venido explotando desde algunas fases tempranas de la prehistoria.

El campesino ha tenido primordialmente en los cultivos de secano la base de su economía donde el cereal siempre ocupó un espacio menor, más destinado al autoconsumo que otros cultivos, como el de la vid, que campó en estas tierras durante casi mil años y que abasteció de pasas a media Europa. Con la crisis del siglo XIX vino a ser sustituida por dos viejos conocidos del secano, el olivo y el almendro, que ocuparon los ancestrales bancales que habían habitado generaciones y generaciones de vides, configurando nuevas dinámicas económicas y unos paisajes agrícolas completamente diferentes.

De la explotación de los productos de secano, además del invaluable legado inmaterial que reside en los conocimientos técnicos de agricultores y jornaleros ya muy mayores, se conserva determinados espacios como las eras para trillar el cereal; los antiguos molinos de aceite, junto con el saber de los viejos molineros, donde se exprimía (y se exprime) ese oro líquido que cada año brotaba (y brota) de los olivos dando un sentido y una personalidad a la gastronomía comarcal; los paisajes de bancales de piedra que ascienden por los piedemontes serranos, donde residen olivos y almendros; las pequeñas casillas y chozas donde se refugiaban los campesinos, los derruidos lagares y escasos paseros,…

Aunque los cultivos de secano dominan el medio agrícola en la Sierra de las Nieves, no podemos ni debemos obviar el profundo legado andalusí que reside en los regadíos, en los espacios de huerta. Los musulmanes eran unos auténticos maestros del agua que la canalizaron y aprovecharon para diseñar productivas huertas allí donde brotaba un manantial o discurría un cauce fluvial. A través de acequias, partidores, albercas brotan árboles frutales, verduras y hortalizas.

El legado cultural inmaterial y material de las huertas es trascendental; al antiguo oficio de agricultor y los conocimientos inherentes al cultivo de productos de la huerta, hemos de añadirle el de alcalde del agua, el responsable de administrar las aguas entre los regantes y evitar conflictos entre ellos, oficio que hunde sus raíces en el mundo andalusí; el de molinero de harina era otro oficio capital asociado a las huertas, pues además de la red de acequias, albercas, partidores, había molinos harineros (más de medio centenar en toda la Sierra de las Nieves) que aprovechaban la fuerza del agua para su funcionamiento. No eran los únicos ingenios hidráulicos asociados a los regadíos, pues también se ha documentado algunos batanes donde se elaboraban paños. El paisaje de huertas, las redes de acequias y albercas, azudes y presas, aljibes, pozos, norias forman una mínima parte de la herencia de la cultura del agua.

Asociado al agua en los pueblos nos encontramos con un sinfín de fuentes y abrevaderos, muchos de origen andalusí, así como antiguos lavaderos, espacios para el duro trabajo femenino de lavar la ropa.

Un oficio quizás poco conocido, pero de gran implantación, fue el de tejero, el trabajador que debía transformar el barro primordial en tejas y ladrillos para la construcción. Es un oficio también muy antiguo y exigía no sólo unos conocimientos técnicos muy específicos, sino también contar con unas instalaciones, los hornos, apropiadas y con materia prima suficiente. En algunos de los pueblos se han conservado los tejares, mal que bien, en otros ya sólo queda el recuerdo plasmado en alguna vieja foto o su huella toponímica. Tejeros ya no queda ninguno.

Otro de los aprovechamientos más extendidos fue el de la roca caliza para su transformación en cal, que se empleaba inicialmente en la construcción, como aglutinante y que con el tiempo y debido a su poder bactericida, empezó a aplicarse a las superficies. En casi todos los pueblos aparecen grandes estructuras cilíndricas semiexcavadas en el suelo y recubiertas de piedra. Son los hornos de cal que los caleros rellenaban sabia y pacientemente con rocas calizas que luego cocían durante varios días y noches. Cuando el horno se apagaba y enfriaba, se extraía la cal y se vendía en el pueblo o en otras poblaciones.

No ha sido el de calero el único aprovechamiento de los recursos geológicos, pues la diversidad del sustrato geológico dio lugar en el pasado a la aparición de numerosas explotaciones mineras de la que se extraía numerosos minerales metálicos (plomo, zinc, hierro), la mayoría de una carácter menor, a excepción de las de San Eulogio (entre Yunquera y El Burgo), que llegó a abastecer a la Real Fábrica de Hojalata de San Miguel (Júzcar) en el siglo XVIII y la de El Peñoncillo, en Ojén, de hierro, explotada desde el siglo XIX por empresas españolas que instalaron unos altos hornos en Marbella, al pie del panocho río Verde, e inglesas y que cerró finalmente en la segunda mitad del siglo XX.

Pero el oficio con más renombre, quizás, es el de nevero. Y no es para menos. Se trata de un oficio perdido que podemos certificar su nacimiento, 1565 y su muerte, mediados del siglo XX. En las cumbres más altas de la Sierra de las Nieves y a partir de mediados del siglo XVI se desarrolló este oficio cuyo cometido era el de transformar la nieve en hielo almacenándolo en pozos de nieve o ventisqueros, cuyas ruinas hoy día aún son apreciables, además de en cuevas y en simas. El hielo era transportado en bestias a diversos y distantes puntos como Málaga, Sevilla, Cádiz, Jerez de la Frontera, Tarifa, Gibraltar, incluso llegaba a la ciudad de Ceuta. El patrimonio nevero de la Sierra de las Nieves es verdaderamente increíble, irrepetible, único. La explotación de las nieves fue la que hizo que el nombre de Sierra de las Nieves se acabara extendiendo e imponiendo.

Gastronomía

La gastronomía es reflejo de la mezcla árabe y cristiana forjada en la zona y de los productos que ofrecen los aprovechamientos agropecuarios locales. Se basa en la riqueza y variedad de los cultivos y en la gran cantidad de frutos y otros productos: carnes, hortalizas y frutas de temporada, aceitunas, almendras, cereales, espárragos, setas, tagarninas y plantas aromáticas. Con la combinación de estos alimentos se elaboran platos sencillos característicos de la gastronomía local y diferenciados según la población de procedencia, entre los que se pueden citar: los guisos de chivo (en caldereta o al ajillo), berzas y potajes, una gran variedad de sopas (mondeña, tolita, de los siete ramales, panocha, de caldo “poncima”, hervías”…), malcocinado, migas, olla, guiso de chícharos, de cagarrias, aceitunas aliñadas, roscos tontos, roscos de vino y almendras, tostón de castañas, etc.

Mención especial merecen las aceitunas aliñadas, de una variedad especial, la aloreña de Málaga, están consideradas las de mayor calidad del mercado como aceitunas de mesa, siendo la primera de estas características en contar con Denominación de Origen Protegida.

Asimismo, la particular combinación de características edáficas (suelos) y climáticas hacen de este territorio una zona vitivinícola singular. Existen numerosos registros históricos que dan prueba de ello desde el siglo I a.C. Hasta la plaga de la filoxera a finales del siglo XIX, existían numerosas y pequeñas explotaciones por toda la serranía. De los excedentes de la producción vinícola se desarrolló la destilación de licores de mayor graduación, en los que destacó sobremanera el famoso Aguardiente de Ojén.

Fiestas, tradiciones y folklore

El folklore, las fiestas y celebraciones populares, las romerías inundan el ciclo festivo de este montañoso territorio a lo largo de año ya que la Sierra de las Nieves atesora un importante patrimonio festivo.

El ciclo festivo de la Sierra de las Nieves es de una riqueza extraordinaria. Al comienzo del año, en el mes de febrero tiene lugar el Carnaval, al que se le atribuye un origen pagano y que tiene en el Día de los Polvos de Tolox y los Harineos de Alozaina dos de los momentos más importantes en los que, según la tradición, el varón buscaba a la mujer que le gustaba y la empolvaba o harinaba para hacérselo saber. Son días donde antaño se bailaba a corro y se cantaban coplas carnavalescas que, en algunos pueblos, están tratando de recuperar. El Carnaval finalizaba con el entierro de la sardina dando comienzo a un tiempo nuevo, la Cuaresma -período litúrgico en el calendario cristiano destinado a la preparación de la Pascua-, tras la cual llega la esperada Semana Santa.

La Semana de Pasión o Semana Santa que hunde sus raíces en los siglos medievales, se vive con hondo fervor y multitudinaria participación en cada una de nuestras poblaciones; no en vano es una de las señas más importantes de nuestra identidad cultural. En Ronda, que tiene la distinción de Fiesta de Interés Turístico, tiene un especial arraigo pues comenzó a celebrarse en una fecha muy temprana, a primeros del sigo XVI, tras la conquista castellana. En algunos lugares se realiza una interpretación en vivo de la vida y Pasión de Jesús -reminiscencia del ancestral teatro popular religioso- destacando especialmente El Paso de Istán. Otros ejemplos los tenemos en Casarabonela y Alozaina. En cada uno de ellos la celebración siempre tiene un momento cumbre, un momento especial. En tal sentido podemos destacar a Monda durante la procesión de la noche del Jueves Santo, en la que las imágenes de Cristo Crucificado y la Virgen de los Dolores son llevadas por las calles bajo un sepulcral mutismo sólo roto por el parsimonioso compás de las horquillas y alguna que otra desgarradora saeta, alumbrándose el camino por velas y cirios hasta el monumento del Calvario, a las afueras. Allí, en un mágico y espeso silencio alumbrado por centenares de temblorosas y devotas velas, se encuentran ambas figuras frente a frente, se balancean y se aproximan como si María quisiera besar a Jesús -relicto de la teatralización medieval- dejando de ser tallas de madera para convertirse en una Madre de carne que despide a su Hijo y llora por su muerte bajo un poético manto de luz argentada, lechosa y maternal, que irradia una apoteósica Luna llena.

Tras la Semana Santa se abre una nueva etapa festiva que tiene como marco los meses de mayo y junio. Son el tiempo de algunas romerías como las de Jorox y Guaro, de las noches de San Juan y de las fiestas de Corpus Christi, entre las cuales destacan dos municipios, el de Yunquera donde las calles por las que pasa la procesión se estampan de ramas de palmeras, flores de vivos colores, mastranto y otras plantas aromáticas que crean un variopinto ambiente de colores y olores. El otro pueblo es Alozaina, igualmente ataviado donde tradicionalmente se crujen los zurriagos, suerte de cuerda trenzada con juncia -un junco flexible- y que pretenden espantar los malos espíritus. Todo un espectáculo sonoro, oloroso y visual.

Julio y agosto son el tiempo de ciertas fiestas patronales, como la de San Roque de Tolox con su famosa Cohetá, que emula el recibimiento que se hacía a los jornaleros que volvían de la campiña. Y romerías como la de la Virgen del Carmen de Yunquera, la de la Virgen de las Nieves en El Burgo o la de la Virgen del Rosario de Parauta.

Sigue el ciclo con las ferias en septiembre y octubre, destacando las de Alozaina -cuyo origen se encuentra en una feria de ganado- y Ojén. El primero de noviembre se celebra el Día de todos los Santos, en el que los vecinos de Istán y Ojén salen al campo y celebran una tostoná o tostón con las castañas recién recogidas. 

Las fechas navideñas son también el marco de numerosas expresiones festivas como los zambombeos de Istán, las animadas pastorales de Monda, las Mayordomas de Guaro, el Día de las Mozas de Tolox o los flamígeros Rondeles de Casarabonela.

Junto a estas fiestas tradicionales van apareciendo con el tiempo otras como las de carácter marcadamente gastronómico como el Día de la Sopa Mondeña (Monda), la Sopa de los Siete Ramales (El Burgo), la Feria del Vino y la Castaña (Yunquera) o el Día de la Naranja (Istán). A ellas se suman algunos festivales de música como el Ojeando (Ojén) o culturales, como la Luna Mora de Guaro.

La tradición oral de la zona de influencia del Parque Nacional Sierra de las Nieves es importante y se encuentra compuesta por cuentos y leyendas populares, romances, coplas, canciones. Muchas de las leyendas e historias surgen del mundo morisco y tienen como tema central la lucha o el enfrentamiento entre moriscos y cristianos en la tesitura de la revuelta morisca de 1568 (las Mozas o la Cencerrá de Tolox, por ejemplo; María Sagredo, en Alozaina), acontecimientos que habiendo surgido de una realidad histórica han trascendido al mundo de las leyendas e historias populares. Leyendas de tesoros ocultos, como la del tajo de Pompeyo o la fuente de la Villa (en Monda), o de brujas, como la de la Caína. No podían faltar las de amor, como la de la Buena Villeta, en Monda; la de Castaño Santo, relacionada con la conquista castellana y el comienzo de la cristianización de estas tierras… 

Pero si hay una figura recurrente en el universo folclórico serrano esa es la del bandolero. Al bandolero lo idealizaron y lo hicieron famoso los innumerables viajeros románticos que en el siglo XIX recalaron por estas sierras escribiendo numerosos diarios y libros de viajes donde este personaje siempre ha encontrado un espacio especial. Pero despojado de su imagen idealizada y romántica, nos encontramos con bandidos, ladrones, proscritos y gente bastante cruel que se buscaba la vida al margen de la ley.

Las leyendas populares, los cuentos, las viejas historias de estos pueblos están todavía por recopilar y salvaguardar. Estamos ante un patrimonio cultural extremadamente delicado porque en muchos casos las nuevas generaciones desconocen esas tradiciones. Con la pérdida de la gente mayor, que es la que las conoce, ese patrimonio oral va desapareciendo.

Artesanía

En la Sierra de las Nieves antaño se desarrollaban innumerables producciones artesanas, vinculadas a la necesidad de autosuficiencia de una población asentada en localidades de ámbito serrano. Ello dio origen a una cultura relacionada con caminos y arrieros, que ha hecho perdurar hasta hoy día artesanías como la talabartería, basada en productos tales como paja, lienzo y cuero.

En municipios como Igualeja, Istán, Parauta o Casarabonela perdura una especial artesanía del esparto y el palmito, en la que se usan técnicas parecidas a las textiles. Este tipo de artesanía se relaciona con la fabricación de multitud de enseres para la vida diara, como espuertas, canastos y capachas, y para útiles en las labores de extracción de aceite y la fabricación de quesos o vinos.

Otros productos artesanos se relacionan con el trabajo de la madera (en El Burgo y Ronda) y la forja (Alozaina, El Burgo, Guaro, Ronda y Yunquera). Además, destaca la presencia de talleres de cerámica, de gran interés en localidades como Alozaina, El Burgo y Ronda.

En cuanto a productos de consumo, la tradición quesera a partir de leche de cabra, que se da en la mayoría de los pueblos del entorno de Sierra de las Nieves, constituye otra referencia del acervo cultural agropecuario de este territorio, dando origen a quesos de distinta aduración y excelente calidad.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s