PARQUE NACIONAL Y NATURAL DE DOÑANA

El Parque Nacional y Natural de Doñana es una tierra de contrastes que presenta un mosaico de diferentes paisajes donde conviven una amplia variedad de especies de plantas y animales. Su extensión y situación estratégica convierten a este espacio natural en un importante lugar de invernada para las aves migratorias. Doñana destaca como una de las zonas húmedas más importantes de Europa.

Desde la primera declaración del Parque Nacional de Doñana se han viniendo sucediendo distintos reconocimientos internacionales sobre el espacio natural que resaltan aún más si cabe la gran importancia e interés de sus valores naturales y culturales. Su relevancia internacional se pone de manifiesto por la inclusión de todo o parte del territorio del espacio natural en importantes redes supranacionales de extraordinario prestigio: Reserva de la Biosfera de la UNESCO ; Zona de Especial Importancia para las aves (ZEPA); Zona de Especial Conservación (ZEC); Lista Verde de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza(UICN); Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO; junto a un conjunto de reconocimientos como la Carta Europea de Turismo Sostenible (CETS) o el Diploma del Consejo de Europa a la Gestión y Conservación, que ha ido renovando cada cinco años hasta la actualidad.

El enclave Espacio Natural Doñana, conformado por el Parque Natural y Nacional del mismo nombre, es un paraíso para los amantes de la ornitología. A principios de otoño y durante el invierno se puede disfrutar de la presencia de miles de aves acuáticas como ánsares y anátidas procedentes del norte de Europa. En primavera y verano llegan desde África cigüeñas, garzas y golondrinas, entre otras especies, en busca de alimento y de un clima más suave.

Los pinares, los bosques de ribera, las dehesas de alcornoques, las manchas de matorral, el litoral y sobre todo los humedales (marismas, laganas, arroyos y ríos) constituyen medios muy favorables para el desarrollo de comunidades de aves muy diversas.

Doñana es un lugar privilegiado dada la variedad de paisajes existentes en el entorno. El Coto del Rey, el Abalario y el pinar de la Algaida albergan extensos pinares de pinos piñoneros y un denso matorral mediterráneo que proporcionan un hábitat adecuado al emblemático lince ibérico y a diversas especies de rapaces como el águila imperial.

Otro punto de interés del espacio se encuentra en el sistema de dunas fósiles del Asperillo que discurre paralelo a la costa. Ya en la playa, se puede contemplar el impresionante Acantilado del Asperillo, declarado Monumento Natural por su singularidad y belleza.

Al Norte y al Sur del espacio natural se encuentra otra de las piezas que compone el inigualable puzzle que representa Doñana; se trata de las aguas someras de la Marisma Gallega, el Lucio del Cangrejo y las Marismas de Bonanza. En ellas se alimentan y crían innumerables aves. El visitante puede deleitarse observando la horizontalidad que ofrece este paisaje, la avifauna que lo habita y el espectacular vuelo de los flamencos.

Estas tierras han sido pobladas y modificadas por el hombre a lo largo de su historia. Usos tradicionales como la apicultura, la recolección de piñas o la agricultura aún se practican. Aunque se están perdiendo algunas profesiones como el carboneo, es posible encontrar algunos boliches activos en el parque. De su tradición ganadera se conserva la Saca de las Yeguas, que se celebra todos los años en junio en el municipio de Almonte. También aquí tiene lugar la Romería del Rocío, una de las más afamadas.

DATOS PARQUE NACIONAL


  • Superficie:
    • Superficie total: 54.252 ha.
    • Zona periférica de protección: 74.278,95 ha (incluye tanto la zona periférica de protección del parque nacional como el territorio del parque natural colindante).
    • Área de influencia socioeconómica: 200.601,86 ha.
  • Provincia: Huelva y Sevilla
  • Comunidad Autónoma: Andalucía.
  • Coordenadas localización (Latitud, Longitud):
    • 37° 08′ 32” N, 6° 33′ 46” O
    • 36° 47′ 41” N, 6° 15′ 07” O

Desde el 1 de julio de 2006, la gestión del Parque Nacional de Doñana corresponde en exclusiva a la Comunidad Autónoma de Andalucía

REAL DECRETO 712/2006, de 9 de junio, por el que se amplían las funciones y servicios de la Administración del Estado traspasados a la Comunidad Autónoma de Andalucía, en materia de Conservación de la Naturaleza (Parques Nacionales de Doñana y Sierra Nevada).

  • Reconocimientos internacionales:
    • Red Natura 2000
    • Reserva de la biosfera (1981). Ampliación en 2016 hasta las 268.294 ha.
    • Convención RAMSAR relativa a los Humedales de Importancia Internacional (1982)
    • Diploma del Consejo de Europa a la Conservación (1985)
    • Patrimonio Mundial de la UNESCO (1994)
    • Carta Europea de Turismo Sostenible (2006)
    • Lista Verde de Áreas Protegidas UICN (2015)

HISTORIA DEL PARQUE NACIONAL


La Historia de Doñana comienza con los primeros pobladores del Golfo de Cádiz, con pruebas de presencia en Gibraltar hace unos 28.000 años, y que transitarían por toda la costa de este Golfo. Se trataba muy posiblemente de neandertales. La marisma de Hinjos, según prospecciones geológicas y paleontológicas, estuvo poblada en el 3000 a.c., pero hacia el año 2000 a.c., debido a un tsunami, el paisaje del estuario del Guadalquivir quedó totalmente transformado, y los poblamientos y formas de vida humana que albergaba desparecieron. La inestabilidad de sus terrenos duró casi mil años más, con al menos otros dos tsunamis. Hasta el final de la Edad del Bronce, años 1000 a.c., no se conocen nuevos poblamientos en la zona. Serán los escritos de exploradores y comerciantes fenicios los que muestren la existencia de las culturas encontradas en estas tierras. Algunos autores romanos, desde el s.VI a.c. al I d.c. citan una laguna costera, Lago Ligustinus, que cubriría todo lo que conocemos como el Parque Nacional de Doñana, y que iría colmatándose progresivamente, hasta los límites de la Marismas del Guadalquivir.

Entre los siglos II a.c. y V d. c. se establecieron asentamientos romanos dedicados fundamentalmente a la pesca y a la salazón, y que debían situarse en torno a lo que actualmente conocemos como Marismas del Guadalquivir. En el Cerro del Trigo quedan los restos excavados de uno de estas factorías.

Poco se sabe de los periodos de pueblos visigodos y árabes, aunque parece que los terrenos, en permanente cambio, no eran propicios para los asentamientos.

Tras la conquista de Sevilla en 1248 por los reinos cristianos, el rey Alfonso X el Sabio convierte Doñana en un cazadero real. Sin embargo, no es hasta el siglo XV cuando comienza el dominio señorial y con éste los primeros límites y acotamientos, y la prohibición de cualquier aprovechamiento que perjudicara a la caza.

El nombre de estas tierras se encuentra en documentos de la casa de Medina Sidonia, que describe como en 1523, el VI Duque de Medina Sidonia alquila Las dehesas del Carrizal y la Ahulaga a Sancho Herrera, alcaide de Sanlúcar de Barrameda y su mujer, Doña Ana Mallarte, que construyó un hato o vivienda, conocido como Hato de Doña Ana. Medio siglo después el VII duque de Medina-Sidonia construyó  un palacio para su esposa, Doña Ana Gómez de Mendoza y Silva, aristócrata que durante muchos años fue considerada la que dio nombre a este territorio.  

Las torres almenaras se construyeron durante el reinado de Felipe II, a finales del siglo XVI y principios del XVII, y servían de protección frente a los ataques de los piratas berberiscos.

Después de este primer período dedicado casi en exclusiva a los recursos cinegéticos, comienza una segunda época (hacia el siglo XVIII), en la que se consolidan tres usos: la explotación forestal del bosque, el mantenimiento de las dehesas y pastos para la ganadería, y el fomento del coto como cazadero, para lo que se acondiciona de nuevo el antiguo palacio

El interés científico y naturalista arranca en el siglo XIX, con la publicación del Catálogo de las aves observadas en algunas provincias de Andalucía, realizado por Don Antonio Machado y Núñez. Es también el comienzo de una intensa búsqueda de huevos y pieles por parte de naturalistas y cazadores, lo que llega a poner en grave peligro las poblaciones de algunas especies.

En el siglo XX Doñana pasa a manos de la burguesía gaditana, con la venta por parte de la Casa de Medina Sidonia a D. Guillermo Garvey, vinatero de Jerez. Los nuevos propietarios de Doñana introducen especies animales, plantan pinos piñoneros y organizan monterías de forma habitual. En 1912 la finca seré heredada por María de los Ángeles Medina y Garvey, casada con el Duque de Tarifa, ingeniero de montes, que continúa la labor de de acondicionamiento de la finca, y costean cuatro campañas arqueológicas en el Cerro del Trigo a los arqueólogos Adolf Schulten y Jorge Bonsor para la búsqueda de la mítica Tartessos. Pocos años después, en 1940, se constituye la Sociedad Cinegética del Coto del Palacio de Doñana.

La inmensa riqueza faunística de estas tierras atrae también a ornitólogos de todo el mundo, que proponen en 1952 la internacionalización de su propiedad.

Es el comienzo de una conciencia conservacionista dentro y fuera de nuestras fronteras, que culmina en 1963 con la adquisición de unas 7.000 ha por parte del Estado Español, en colaboración con el Fondo Mundial para la Conservación de la Naturaleza (WWF), para la creación de la Reserva Biológica de Doñana.

Seis años después se crea el Parque Nacional de Doñana, que será ampliado y reclasificado por la Ley de Régimen Jurídico en 1978 y que posteriormente ha ampliado sus límites en 2004. Desde entonces, diversas figuras de protección internacional confluyen en este territorio.

VALORES NATURALES


Alto grado de diversidad biológica. Se localizan tres grandes sistemas ecológicos: marismas, dunas móviles y cotos, y una importante zona de contacto o ecotono.

ECOSISTEMAS


La singularidad de Doñana se debe a la gran diversidad de paisajes y especies que alberga. Además de la marisma, ecosistema que se caracteriza por su gran biodiversidad y su aspecto cambiante, existe un conjunto de ecosistemas excepcionales que confluyen aquí: la playa, las dunas móviles y los corrales; el monte con sabinares, alcornocales y pinares, englobados bajo la denominación local de “cotos”, con numerosas lagunas dispersas entre la vegetación y una zona de transición que enlaza y separa a todos, la vera.

La marisma:

La marisma es el mayor ecosistema en extensión del Parque, unas 27.000 ha, y el que otorga a este espacio una personalidad inconfundible. Es una zona húmeda de extraordinaria importancia como lugar de paso, cría e invernada de aves europeas y africanas.

Se inunda gracias al aporte de algunos arroyos y a las aguas de lluvia, lo que hace que presente una estacionalidad muy marcada.

En otoño, la marisma se encharca con las primeras lluvias y en invierno se va inundando progresivamente a medida que se incrementan las lluvias; en primavera, la superficie del agua se ve cubierta por las flores de los ranúnculos y grandes extensiones de castañuela y bayunco. En verano, la marisma es un desierto de arcilla rota y polvorienta. A pesar de la ausencia de relieves significativos, pequeños desniveles condicionan la existencia de diversos hábitats en el ecosistema marismeño.

  • La marisma dulce es la que tiene una mayor profundidad y, por lo tanto, concentra en años de lluvias normales mayor cantidad de agua y durante más tiempo, lo que hace que disminuya su salinidad y pueda crecer una vegetación palustre de castañuela (Scirpus maritimus) y bayunco (Scirpus littoralis). En zonas más profundas aparecen algunas plantas acuáticas como Ranunculus peltatus, R. tripartitus, Eleocharis palustris, Potamogeton trichioides, Elatine alsinastrum y otras. Aquí encuentran alimento y refugio numerosas especies de aves: ánade azulón (Anas platyrhynchos), cuchara europeo (Anas clypeata), ánade rabudo (Anas acuta), cerceta común (Anas crecca), focha común (Fulica atra), porrón común (Aythya ferina), malvasía cabeciblanca (Oxyura leucocephala), etc. Las larolimícolas incluyen al avefría europea (Vanellus vanellus), chorlitejo chico (Charadrius dubius), chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus), avoceta común (Recurvirostra avosetta), cigüeñuela común (Himantopus himantopus), charrancito (Sterna albifrons) y fumarel cariblanco (Chlidonias hybridus). También se pueden observar grandes bandadas de flamencos (Phoenicopterus ruber) y ánsares comunes (Anser anser). Durante la sequía veraniega, estas láminas de agua quedan muy reducidas o completamente secas, mostrando un fondo cuarteado de limos arcillosos grises, cubiertos a veces de costras salinas blanquecinas.
  • La marisma salada o marisma de almajo es la que tiene zonas ligeramente más elevadas donde el aporte de agua dulce es menor y la salinidad del suelo mayor. Las plantas dominantes son los almajos, el almajo salado (Arthrocnemum macrostachyum) y el almajo dulce (Suaeda vera), con una cohorte escasa de plantas herbáceas entre las que destacan Plantago coronopus y Hordeum maritimum, que suele crecer asociado a los pies del almajo. Aquí nidifican grandes colonias de aves limícolas como cigüeñuelas (Himantopus himantopus), avocetas (Recurvirostra avosetta), alcaravanes (Burhinus oedicnemus), canasteras comunes (Glareola pratincola), etc.

El golfo que originaba la desembocadura del Guadalquivir estaba surcado por pequeños encauzamientos o por desviaciones temporales seguidas por el curso principal. Los caños son lo que antaño fueran cauces de arroyos, brazos y afluentes del río. Hoy están cubiertos de eneas (Typha latifolia) y carrizos (Phragmites australis), en los que se ocultan carpas (Cyprinus carpio), ranas (Rana perezi), gallipatos (Pleurodeles waltl), galápagos leprosos (Mauremys leprosa), galápagos europeos (Emys orbicularis), calamones comunes (Porphyrio porphyrio), avetorillos comunes (Ixobrychus minutus), martines pescadores (Alcedo atthis), etc.

Las vetas y vetones son terrenos que se elevan por encima del nivel medio, formando pequeñas islas que raramente se inundan. Son lugares de descanso y refugio durante las grandes inundaciones, y área de nidificación muy importante de larolimícolas, que forman grandes colonias, compuestas por cigüeñuelas (Himantopus himantopus), avocetas (Recurvirostra avosetta), canasteras comunes (Glareola pratincola), chorlitejos patinegros (Charadrius alexandrinus), avefrías europeas (Vanellus vanellus), pagazas piconegras (Gelochelidon nilotica) , charrancitos comunes (Sternula albifrons) y gaviotas picofinas (Chroicocephalus genei). A menudo era el lugar que escogían ganaderos, guardas y pescadores para instalar sus casas o chozas.

Los paciles son amplias superficies ligeramente más bajas que vetas y vetones, que se encharcan ocasionalmente, y en las que conviven almajos con otras plantas halófilas, aquéllas adaptadas a hábitats con gran cantidad de sales. Muchas especies animales establecen aquí sus territorios de cría, como la cigüeñuela común (Himantopus himantopus) , la canastera común (Glareola pratincola) y el chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus).

Los ojos de la marisma son surgencias de agua, fuentes naturales por las que afloran aguas dulces almacenadas a mucha profundidad. Aparecen en puntos cercanos a los bordes de la marisma, y para muchos animales se convierten en un recurso para calmar la sed en épocas de sequía o en verano.

En las zonas más alejadas de las aguas, la vegetación se aferra a un suelo inestable y seco, formando pequeños obstáculos que serán el origen de las dunas vivas: alhelí de mar (Malcomia littorea), nardo marino (Pancratium maritimum), cardo marino (Eryngium maritimum), lechetrezna de mar (Euphorbia paralias). Sólo en su parte alta, más estable, aparece una vegetación característica con Ammophila arenaria, Agropyrum junceum, Carex arenaria y otras.

Las playas:

Como compendio y origen de todo, la playa sigue recogiendo las arenas traídas por el mar y el viento que hace 6.000 años cerraron el estuario del Guadalquivir, depositándose como bajos y flechas a lo largo de toda la costa. La intensa dinámica costera modifica incesantemente el perfil de las playas.

En las zonas de la playa más alejadas de las aguas, la vegetación se aferra a un suelo inestable y seco, formando pequeños obstáculos que serán el origen de las dunas vivas: alhelí de mar (Malcomia littorea), nardo marino (Pancratium maritimum), cardo marino (Eryngium maritimum), lechetrezna de mar (Euphorbia paralias). Solo en su parte alta, más estable, aparece una vegetación característica con el barrón (Ammophila arenaria), Agropyrum junceum, Carex arenaria y otras.

El fondo marino inmediato a la playa presenta praderas de Cymodocea nodosa y probablemente Zostera noltii, con abundantes lamelibranquios y gasterópodos en los fondos blandos.

En la orilla  aparecen grandes bandos de gaviotas sombrías (Larus fuscus), que acompañan a las gaviotas patiamarillas (Larus cachinanns), gaviotas picofinas (Larus genei), y a los ostreros (Haematopus ostralegus), correlimos (Calidris spp.), charranes patinegros (Sterna sandvicensis), charrancitos (Sterna albifrons) y chorlitejos patinegros (Charadrius alexandrinus).

Dunas y corrales:

Junto a la playa encontramos los primeros corrales, bosquetes de vegetación “encerrados “ entre los cordones de dunas.   Estos primeros corrales, más cercanos al mar, aparecen ocupados por un matorral de clavelinas (Armeria pungens) y siemprevivas (Helichrysum picardii), que ofrecen un manto rosado durante la primavera. Más al interior, los pinares colonizan el corral, dejando en ocasiones pequeñas lagunas temporales, con junqueras (Juncus spp.), matas de adelfas (Nerium oleander) y matorrales de camarinas (Corema album). Las zonas más deprimidas son ricas en Scirpus holoschoenus, Agrostis stolonifera, Mentha pulegium, Anagallis tenella, etc.

En las dunas móviles aparecen el enebral costero (Juniperus oxycedrus subsp. macrocarpa) y el barrón (Ammophila arenaria).

Los cotos:

Los cotos o zonas de matorral representan una etapa intermedia del ecosistema terminal y maduro de bosque mediterráneo.

Desde el punto de vista paisajístico, los cotos cambian poco durante el año, y los animales son difíciles de ver (falta la espectacularidad de las aves marismeñas), aunque presenta elementos propios de gran interés, como ungulados de gran tamaño, ciervo (Cervus elaphus) y jabalí (Sus scrofa) y grandes predadores como el lince ibérico (Lynx pardinus) y el águila imperial ibérica (Aquila adalberti).

La vegetación de estos parajes está formada por un matorral espeso de composición heterogénea con pies dispersos de alcornoque (Quercus suber), sabina (Juniperus phoenicea subsp. turbinata), madroño (Arbutus unedo), acebuche (Olea europaea var. sylvestris), labiérnago (Phillyrea angustifolia) y pino piñonero (Pinus pinea).

El matorral está formado por una treintena de especies leñosas que se incluyen en dos grandes tipos:

  • Monte blanco: formado por un matorral de jaguarzo (Halimium halimifolium) al que acompañan algunas jaras (Cistus salvifolius, C. libanotis). En áreas más secas y expuestas aparecen otras especies leñosas de ámbito mediterráneo, como el cantueso (Lavandula stoechas), el romero (Rosmarinus officinalis) y la mejorana (Thymus mastichina).
  • Monte negro: formado por un matorral que coloniza zonas con suelos muy húmedos, donde el nivel freático se encuentra casi superficial. Es un matorral oscuro, denso, apretado e impenetrable, dominado por varias especies de brezos (Erica scoparia, E. umbellata, E. ciliaris) y la brecina (Calluna vulgaris), que se entremezclan con mirto (Mirtus communis), labiérnago (Phillyrea angustifolia), zarzas (Rubus ulmifolius), tojos (Ulex minor) y aulagas (Ulex australis). Estas especies son incapaces de sobrevivir sin un aporte continuado de agua en verano, pero resisten bien el encharcamiento invernal.

En estas zonas viven alrededor de 80 especies de vertebrados, la mitad de las cuales son aves. Entre ellas, destacamos algunas sedentarias como el águila imperial ibérica (Aquila adalberti), la culebrera europea (Circaetus gallicus), el pito real (Picus viridis), la curruca rabilarga (Sylvia undata), la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala), el milano negro (Milvus migrans), el alcaraván común (Burhinus oedicnemus), el críalo (Clamator glandarius), el abejaruco común (Merops apiaster), el alcaudón real (Lanius excubitor), el petirrojo (Erithacus rubecula), etc.

Entre los mamíferos, junto al lince ibérico (Lynx pardinus) y al meloncillo (Herpestes ichneumon), podemos observar zorro (Vulpes vulpes), tejón (Meles meles), jabalí (Sus scrofa), ciervo (Cervus elaphus), liebre (Lepus granatensis) y lirón careto (Elyomis quercinus). Los anfibios están representados por el sapo de espuelas (Pelobates cultripes) y los reptiles por la culebra bastarda (Malpolon monspessulanum), culebra viperina (Natrix maura), culebra de collar (N. natrix), lagartija colirroja (Acanthodactylus erytrurus) y tortuga mora (Testudo graeca).

Rompiendo la línea continua del horizonte del matorral observaremos pequeños bosquetes de pinos piñoneros, con un sotobosque formado por lentisco (Pistacia lentiscus), labiérnago (Phillyrea angustifolia) y escobón (Cytisus grandiflorus). En ellos nidifican el milano real (Milvus milvus) y el milano negro (Milvus migrans), el aguililla calzada (Hieraaetus pennatus), el críalo (Clamator glandarius), el cernícalo (Falco tinnunculus) y el busardo ratonero (Buteo buteo), y son visitados asiduamente por ginetas (Genetta genetta) y meloncillos (Herpestes ichneumon).

La vera:

El contacto del matorral de los cotos con la marisma se hace a través de una franja de 200 a 1.500 m de anchura denominada “vera”, que corresponde a un ecotono de gran riqueza ecológica. Es el límite entre las arcillas y las arenas. En esta estrecha franja, en la que coinciden especies vegetales y animales de uno y otro ambiente, aflora la humedad filtrada por las arenas, favoreciendo el crecimiento de junqueras y pastizales.

En un nivel inferior, se desarrollan pastizales asentados sobre un substrato arenoso y seco. El pasto es pobre y dominado por Rumex bucephalophorus, que le confiere una notable coloración rojiza. Junto a esta especie suelen aparecer Plantago coronopus, Erodium cicutarium, Vulpia membranacea y Urginea maritima, especie geófita de mayor porte.

En estos pastos, el abejaruco común (Merops apiaster) excava sus nidos sobre la superficie del suelo. Además, son frecuentes los conejos (Oryctolagus cuniculus), los gamos (Dama dama) y las avefrías europeas (Vanellus vanellus).

A un nivel aún más inferior, pero más cercano a la marisma, se desarrolla un pasto rico en especies vegetales, dominado por el gamón (Asphodelus aestivus) y acompañado por Trifolium subterraneum, Ornithopus pinnatus, O. roseus, Agrostis stolonifera, Tolpis barbata, Briza minor y otras.

A un nivel más inferior, donde el encharcamiento invernal es patente, aparece una vegetación compuesta por Senecio jacobaea, Trifolium resupinatum, Ranunculus bulbosus, Cynodon dactylon, Juncus capitatus y J. bufonius.

El límite de la marisma está formado por una banda espesa de juncos (Juncus acutus, J. maritimus, J. effusus, J. conglomeratus y Scirpus holoschoenus).

El pastizal más húmedo es utilizado por la lavandera boyera (Motacilla flava), la codorniz (Coturnix coturnix), el topillo (Microtus duodecimcostatus), la rata común (Rattus norvegicus), el sapo de espuelas (Pelobates cultripes) y el gallipato (Pleurodeles waltl). El majadeo más intenso del pastizal se debe, sin embargo, a conejos (Oryctolagus cuniculus), gamos (Dama dama), ciervos (Cervus elaphus) y jabalíes (Sus scrofa).

La presencia de alcornoques, restos de bosques antiguos, en el matorral inmediato a la vera confiere a este enclave características excepcionales, pues son las perchas donde se asentarán grandes colonias de aves.

EL ÁGUILA IMPERIAL, NUESTRA RAPAZ MÁS AMENAZADA


Esta gran ave, endémica de la Península Ibérica, puede llegar a alcanzar 220 cm de envergadura y más de 3 kg de peso. Los adultos son de color oscuro y complexión robusta, con hombros y nuca blancos.

Nombre Científico: Aquila adalberti

Hábitat: Vive en las zonas montañosas y de bosque mediterráneo del suroccidente de la península ibérica, necesitando grandes árboles para nidificar (se conoce algún caso de nidificación en torres de alta tensión).

Alimentación: Carnívora. La base principal de su dieta son los conejos (Oryctolagus cuniculus), liebres (Lepus granatensis) y gran diversidad de aves, como ánsar común (Anser anser), focha (Fulica atra), ánade azulón (Anas platyrhynchos), paloma torcaz (Columba palumbus), urraca (Pica pica), y también reptiles, peces e incluso carroña.

Distribución: Restringida al suroeste de la península ibérica. En España vive en el Sistema Central, Montes de Toledo, Extremadura (sierras de Monfragüe, Llanos de Trujillo, embalse de Alcántara, sierras de Coria y Tierra de Barros), sierras de Almadén-Guadiana, Sierra Madrona, Sierra Morena, Doñana, Marismas del Guadalquivir y Laguna de la Janda, en Cádiz.

En el siglo XIX, su área de distribución se extendía al centro y sur de Portugal, zona de Tánger y montañas del Rif en Marruecos y la mayor parte de España, con la excepción de la Cordillera Cantábrica y los Pirineos.

A principios del siglo XX, la especie era relativamente común en nuestro país, pero desde entonces la población ha disminuido dramáticamente. En los años 60 y 70 estuvo cerca de la extinción, con solo 30 parejas conocidas, y comenzaron los primeros avances en su conservación, con los trabajos de conocimiento de su biología, los programas de detección y corrección de tendidos eléctricos peligrosos, campañas antiveneno y alimentación suplementaria.  Actualmente, con unas 500 parejas en la península ibérica, su situación ha mejorado significativamente.

En cualquier caso, las tres amenazas principales de esta Águila siguen siendo la electrocución en torretas de electricidad, la baja productividad por la escasez de una de sus presas principales, el conejo, y el envenenamiento.

EL LINCE IBERICO, EL GATO DEL MEDITERRANEO


El lince ibérico es un carnívoro endémico de la Península Ibérica. Es un félido de tamaño mediano (machos con un peso medio de 13 kg y casi 10 kg para las hembras) de patas largas y cola corta. Tiene la cara redondeada, con grandes orejas rematadas por pinceles de pelos negros, y largas patillas. El pelaje es de tonos parduzcos, moteado de manchas negras.

Nombre Científico: Lynx pardinus

Hábitat: Su hábitat típico es el monte mediterráneo, en altitudes comprendidas entre 400 y 1.300 m. salvo en la región de Doñana, donde vive al nivel del mar. Necesita buenas densidades de conejo, zonas con vegetación cerrada para descansar y reproducirse, y un grado mínimo de molestias humanas.

Alimentación: Se basa casi exclusivamente en el conejo (Oryctolagus cuniculus). Le siguen otras especies, como ánsares (Anser anser), crías o hembras de cérvidos, micromamíferos y aves.

Reproducción: El celo tiene lugar en enero y febrero. Después de unos setenta días de gestación nacen de uno a cuatro cachorros, aunque lo más normal es que sean dos. La hembra busca un lugar resguardado para parir: manchas espesas de vegetación, risqueras, troncos huecos, madrigueras e incluso nidos viejos de grandes aves. Aunque los linces son animales solitarios, en este periodo del año suelen estar en pareja.

Distribución: El lince ibérico ocupa el cuadrante suroccidental de la Península Ibérica. El tamaño de su población se ha recuperado considerablemente en los últimos años, y se estima en 2019 en unos  830 ejemplares.

Aunque la especie ha pasado de “En peligro crítico de extinción” a “En peligro de extinción” gracias al apoyo de administraciones y particulares, y la sensibilización de la población en general, aún persisten algunas de las amenazas de esta especie, como la destrucción y fragmentación de su hábitat, la disminución de las poblaciones de conejos y los atropellos en carreteras.

FLORA


La situación geográfica del Parque Nacional de Doñana, al suroeste del continente europeo, y la compleja historia geológica y botánica de la región andaluza, determinan la presencia de una flora muy diversa y singular. Así, aunque en Doñana predomina la flora mediterránea, también podemos encontrar plantas atlánticas como el brezo de ciliosos y la camarina; íberoafricanas como la hierba tumera; exclusivas del suroeste de la península ibérica como el escobón; eurosiberianas como el mordisco de rana, o representantes relictos de bosques terciarios como el helecho real, abundante en épocas antiguas y hoy reducido a pequeñas áreas. Los catálogos más recientes recogen más de 1.300 especies de plantas vasculares y helechos en la Comarca de Doñana.

La diversidad de ambientes de Doñana la convierte en una zona con especies muy peculiares y diferentes, y un número relativamente alto de endemismos, es decir, especies que solo existen en una zona limitada a nivel mundial. Las dunas y arenales costeros son el hábitat de endemismos como la Linaria tursica, una florecilla diminuta que se alza apenas 15 centímetros del suelo entre las dunas, o la clavellina de Doñana .También encontramos endemismos en enclaves muy reducidos de Doñana, como la Rorippa valdes- bermejoi, que vive únicamente en los bordes del Arroyo de La Rocina, o un cardo que sólo habita en algunos arenales de los bosques de Doñana, el Onopordum hinojense.

El principal factor físico que condiciona la distribución de la vegetación en Doñana es el tipo de sustrato, que divide el territorio en suelos arenosos, en su parte norte y occidental, y la marisma de suelos arcillosos, al sur y el este. Dentro de estas dos áreas se distingue a su vez una gran variedad de comunidades vegetales, condicionadas por la distancia al agua subterránea, la cercanía al mar y la salinidad.

A su vez, la elevada superficie ocupada por humedales temporales, entre los que se incluyen lugares higroturbosos, genera hábitats que albergan especies y comunidades de plantas acuáticas o ligadas al agua, de gran singularidad.

La vida de las plantas en las arenas

Si comenzamos nuestro itinerario botánico al borde del mar, las primeras especies que encontraremos son aquellas pioneras que colonizan las dunas móviles. El barrón, ampliamente usado en la construcción de chozas, forma plumeros en pequeños acúmulos de arena a escasos metros de las últimas olas. Un poco más adentro, la armeria o clavellina ofrece rosados tapices en primavera, a los pies de la primera línea de enebros marítimos. El enebro, un arbusto o pequeño árbol perfectamente adaptado al movimiento de las dunas, se eleva a la vez que va formando un montículo al atrapar la arena con sus raíces. Esta estrategia permite al enebro marítimo sobrevivir al movimiento de las arenas y no sucumbir bajo su peso. El Parque Nacional de Doñana cuenta con la mayor población española de esta subespecie de enebro, ya que en otros puntos del litoral atlántico y mediterráneo ha desaparecido o está muy degradada por la urbanización y el desarrollo desordenado de las costas.

Junto al enebro, desde lo más alto de la duna, vemos cómo se extiende un corral. Los corrales son depresiones interdunares, que dan cobijo al pino piñonero, al matorral e incluso a juncales en las zonas más bajas y húmedas.

A medida que el viento foreño, proveniente del mar, pierde fuerza y las arenas dejan de moverse, comienza el territorio de las arenas estabilizadas  o cotos, donde la distancia desde el suelo al agua subterránea da lugar a comunidades vegetales bien diferenciadas

Las sabinas están situadas en las zonas más elevadas y secas del manto arenoso, formando bosquetes. A medida que el suelo desciende y la capa freática es más cercana, surge el monte blanco o jaguarzal. Aquí la capa freática está a mayor profundidad, y las especies más representativas pertenecen a las familias de las jaras, aulagas y aromáticas propias del matorral mediterráneo, como el romero, tomillo y lavanda, que principalmente en primavera y verano florecen, salpicando de color el monte. Donde la capa freática y la superficie del suelo están más cerca crece el monte negro o brezal.

Cuando los árboles aparecen se configuran diferentes tipos de bosques. El alcornocal es la vegetación potencial en el ecosistema de arenas estables con cierto grado de humedad. Sin embargo su presencia es muy escasa. Solo quedan en Doñana bosquetes aislados, situados principalmente en la vera y en la zona norte del Parque Nacional. En las zonas más húmedas, junto al alcornoque aparecen los helechos. Acebuches y piruétanos acompañan a los alcornoques en otras ocasiones. Cuando el alcornoque empieza a escasear, el matorral alto y denso típico del monte mediterráneo prospera, con palmitos y mirtos, localmente llamado arrayán.

El pinar de pino piñonero es actualmente el arbolado más abundante en Doñana. El piñón supone una fuente de ingresos muy importante para muchas familias, así como un recurso alimenticio para muchos animales.

La vida de las plantas en la marisma

La marisma, en sus suelos de arcilla y limos, guarda el sabor salado del Guadalquivir. Por eso las aguas dulces de la lluvia o arroyos y caños, en contacto con la arcilla, adquieren diferente grado de salinidad.  Por otra parte, los microrelieves  marismeños y su cercanía a los cauces de agua hacen que la duración de las inundaciones sea diferente. Estos dos factores, salinidad y permanencia de las aguas, definen el crecimiento de diferentes tipos de plantas.

La vegetación de la marisma dulce o marisma de castañuela. En las zonas de ma-risma donde el aporte de agua dulce es mayor  y permanece durante más tiempo, predominan la castañuela y el bayunco. La castañuela sigue siendo una especie muy usada para la construcción de las chozas, y su rizoma, o tallo subterráneo, forma parte de la dieta de los invernales ánsares comunes.  

La vegetación de la marisma salada o marisma de almajo. Son las zonas ligeramente más elevadas donde el aporte de agua dulce es menor y la salinidad del suelo mayor. Las plantas dominantes son los almajos, que se recolectaban y utilizaban para la obtención de jabón, combinando su ceniza con sosa caustica.

Pequeños reductos de una vegetación particular

La diversidad ecológica del Parque Nacional de Doñana permite que se den algunas comunidades de plantas restringidas a zonas muy concretas.

La vegetación sumergida de marismas, lagunas y arroyos. Formada por una variedad de plantas acuáticas, sumergidas o flotantes. En la zona se conoce comúnmente como “Porreo”.

La vegetación de lagunas temporales o permanentes de agua dulce. Las lagunas y charcos de agua dulce de las zonas arenosas presentan en sus orillas bayuncos, eneas y lirios acuáticos, y en su interior, especies flotantes que prácticamente se han extinguido en Doñana, como el nenúfar amarillo, o son ya muy escasas como el nenúfar blanco. En algunas de estas lagunas se conservan especies relictas, amenazadas, muy escasas o extinguidas en el resto de la Península Ibérica y Europa, como el Hydrocharis morsus-ranae en aguas permanentes, y Caropsis verticillatinundata o Avellara fistulosa en lagunas temporales.

El bosque en galería de bordes de arroyos. Destaca el bosque de ribera del Arroyo de la Rocina, que posee una gran importancia como bosque relíctico. Además de las especies de sauces, fresnos y álamos, destaca la presencia del endemismo ibérico arraclán o sanguino, que posee gran importancia como indicador de riberas bien conservadas, y constituye la única población existente en zonas tan meridionales de la Península Ibérica y en tan baja cota.

Es fácil deducir que una flora tan dependiente del agua subterránea y de las aguas superficiales como la del Parque Nacional de Doñana, tenga en la pérdida o alteración de la calidad y cantidad de éstas su amenaza más importante. Sin embargo, existen otros riesgos como los derivados de los ungulados silvestres y domésticos (ciervos, gamos, jabalíes, vacas y caballos) que viven en Doñana: con su pisoteo pueden degradar sus hábitats y el exceso de herbivoría afecta a menudo a sus poblaciones, por lo que es necesario aplicar medidas de gestión para protegerlas.

La presencia de especies exóticas invasoras puede suponer una amenaza a las autóctonas, ya que las desplazan de sus hábitats naturales, que como hemos visto, pueden ser muy reducidos incluso a nivel mundial.

FAUNA


Grandes cifras y grandes nombres

El Parque Nacional de Doñana se descubrió al mundo como coto de caza y refugio para las aves. Desde entonces, su importancia ecológica se ha basado en sus valores faunísticos, especialmente en su condición de humedal que alberga una gran diversidad de aves acuáticas. Sin embargo, el elevado grado de conservación de sus ecosistemas permite que cuente también con una fauna de vertebrados e invertebrados de gran importancia, por su elevado número y la singularidad de algunas de sus especies.

El Parque Nacional acoge más de 400 especies de aves (unas 130 reproductoras habituales), unos 50 de mamíferos terrestres y marinos, 25 de reptiles, 11 de anfibios y más de 70 de peces, incluyendo el estuario. Son cifras excepcionales en Europa, que además incluyen especies de gran valor por encontrarse amenazadas a nivel planetario, como el lince ibérico, la tortuga mora, el salinete o el águila imperial.

Por otro lado, el conocimiento de los invertebrados de Doñana es relativamente escaso aunque son de vital importancia en la reproducción y dispersión de las especies vegetales, en el funcionamiento general de los ecosistemas y en las redes tróficas. Las especies de crustáceos acuáticos y los insectos constituyen la base alimenticia de muchas especies de vertebrados.

La continua investigación hace que en Doñana se sigan descubriendo especies. Entre las más recientes, la hormiga tartésica, muy abundante en los arenales del monte blanco.

En Doñana viven tres razas autóctonas en peligro de extinción: el caballo de la retuerta, caballo marismeño y vaca marismeña. Todas están registradas en el catálogo Oficial de Razas de Ganado de España. Se trata de especies con un origen ancestral, y con una vida vinculada históricamente al Parque Nacional, en régimen de semi-libertad.

Pero el fenómeno que convierte a Doñana en un espacio de excepcional importancia para la fauna es la migración de sus aves.

La fauna en movimiento. La vida en los humedales

Doñana, por su ubicación geográfica al sur de Europa y cerca del continente africano, es un lugar de vital importancia para muchas aves migratorias que encuentran aquí un lugar de invernada o de cría. Algunas especies vienen de lugares cercanos y otras proceden de regiones muy alejadas, y Doñana no es siempre el punto de destino de estas aves. Muchas escogen estas tierras como área de descanso y alimento en sus largos viajes entre Europa y África. Entre los millones de aves que anualmente pasan por este territorio las hay muy diferentes: rapaces, zancudas, limícolas, gaviotas, palomas o incluso pequeños pájaros; pero las más notorias por su abundancia y vistosidad son las acuáticas.

Las aves acuáticas en Doñana están muy bien representadas, especialmente por las poblaciones migratorias invernales. Cuando en el norte de Europa comienzan las primeras nevadas y las aguas se hielan, el territorio ofrece muy poco alimento para un gran número de aves que deben iniciar sus viajes migratorios. En esos momentos, las primeras lluvias y el rocío de la mañana hacen renacer en Doñana una trama de humedales que ofrece abundante alimento para las aves. Doñana, noche tras noche, se va llenando de graznidos gozosos. Las aves invernantes habitan estas tierras entre octubre y febrero, y entre ellas destaca por su número el ánsar común.

Avanza el tiempo, crecen los días y suben las temperaturas: ya es primavera. Las tierras del norte ofrecen alimento renovado y cobijo a quienes deben emprender su marcha para la cría; desde el África subsahariana, otras poblaciones van llegando. Buscan el alimento que ya escasea en sus refugios de invierno, con la premura de instalar sus nidos. Son las aves estivales, que de principios de marzo hasta finales de agosto viven en Doñana.

Además del amplio abanico de especies de aves distintas que concurren en este territorio, cabe resaltar la gran abundancia y concentración de muchas de ellas. En un solo invierno, en Doñana se pueden concentrar ser unos 200.000 individuos.

El ánsar común es una de las especies emblemáticas de las Marismas del Guadalquivir. A Doñana llega cada año la población que se reproduce en los países escandinavos, Holanda, Alemania, oeste de Polonia y la República Checa, por lo que la salud y el número de sus poblaciones dependen en gran medida de las condiciones que se encuentren en estas Marismas.

En el Parque Nacional se cazaron ánsares hasta 1983, aprovechando la costumbre de estas aves de ir a la duna más alta y extensa de Doñana, el Cerro de los Ánsares, para “comer arena”. La ingestión de arena y pequeñas piedrecitas les ayuda a digerir los rizomas de castañuela, uno de sus principales alimentos durante la invernada. Contemplar al amanecer grandes bandos de ánsares volando desde la marisma a la cresta de esta duna, es uno de las experiencias más hermosas de Doñana. Aún hoy sigue existiendo un número importante de perdigones de plomo en esta duna que son ingeridos por los ánsares. Su acumulación puede desembocar en la enfermedad letal denominada plumbismo. Actualmente, la retirada de plomo de este Cerro es una tarea habitual del voluntariado y la sensibilización ambiental en el Parque Nacional de Doñana.

Antes de abandonar la marisma, nos detendremos en dos especies que despiertan gran curiosidad: el morito y el flamenco.

El morito común es el único ibis europeo, y aparece catalogado a nivel nacional como ave de interés especial. No nidificaba en las Marismas desde hacía décadas y lo volvió a hacer a partir de 1996, tras la fuerte sequía de los primeros años noventa, pasando de siete parejas reproductoras en 1996 a casi 2500 en 2010. Los moritos se instalaron en el Lucio Cerrado Garrido, junto al Centro de Visitantes José Antonio Valverde, convirtiéndose en un recurso de gran interés para la divulgación en Doñana.

Muchos visitantes creen que el flamenco común es una de las aves reproductoras más características de Doñana. Sin embargo, esta especie se considera como reproductora ocasional en las Marismas del Guadalquivir ya que solo intenta la cría en años en los que las precipitaciones proporcionan zonas adecuadas para ello. Fue en las Marismas de Doñana, en 1883, donde la observación de los nidos de flamencos permitió describir por primera vez la posición y forma de incubación de los flamencos con exactitud, ya que durante los dos siglos anteriores se había creído que el flamenco permanecía de pie en un nido construido hasta su altura, tal y como había sido descrito en el S. XVII

Diversidad y emblemas. La vida en las arenas

En la playa del Parque se pueden ver durante todo el año dos especies de limícolos: el chorlitejo patinegro, que se reproduce en escaso número por encima de la zona mareal y el correlimos tridáctilo, que se reproduce en tierras árticas. No es la costa de Doñana un lugar importante para la reproducción de las aves, aunque la presencia de limícolos y gaviotas de varias especies supone un atractivo para cualquier visitante. Por otro lado, la costa de Doñana aloja a mamíferos marinos como el delfín mular y la marsopa común. A su orilla, arrastrados por las mareas, llegan tortugas marinas, rorcuales y varias especies de delfines, la mayoría de las veces ya sin vida. Pero su presencia ofrece una gran cantidad de información para conocer la diversidad de la vida marina, y en algunos casos, sus amenazas.

En las zonas arenosas de los cotos y la vera habita la mayoría de los mamíferos terrestres, reptiles y anfibios de Doñana.

Entre los mamíferos, cabe destacar la comunidad de carnívoros, compuesta por nueve especies, entre las que se encuentra el escasísimo lince ibérico.

El lince ibérico, el felino más amenazado del mundo, es una especie exclusiva de la península ibérica. Entre los años 80 y la actualidad su situación ha mejorado notablemente gracias a un importante esfuerzo tanto en sus poblaciones en el medio natural como con los Programas de cría en Cautividad que están en marcha. El lince es sin duda el emblema de la fauna de Doñana y su conservación se ha convertido en una preocupación de toda la sociedad

Otro grupo muy interesante de mamíferos es el de los Quirópteros o murciélagos, de los que se ha descrito la presencia de doce especies. Destaca el nóctulo gigante, con una envergadura en vuelo de casi medio metro, que habita en ciudades como Sevilla y Jerez de la Frontera y usa el Parque Nacional de Doñana como cazadero.

En las zonas de sustrato arenoso de Doñana se ha registrado la totalidad de la fauna de anfibios, las tres especies de urodelos y las ocho de anuros de los que solo una se encuentra amenazada con la categoría de vulnerable. Se trata del tritón pigmeo especie endémica de la Península ibérica, limitada al centro y sur de Portugal y a la mitad meridional de España.

Entre las rapaces, el águila imperial ibérica es el emblema alado de Doñana. El esfuerzo de las administraciones por su conservación ha permitido estabilizar una población en Doñana en torno a las 10 parejas, aunque con fluctuaciones anuales. Otra rapaz, que no hace mucho tiempo volaba a sus anchas por estas tierras, sufre estos días un inexorable declive como reproductora. Se trata del milano real. Doñana supone, prácticamente, la última zona de reproducción del milano real en Andalucía, con más del 90% de las parejas censadas.

VALORES CULTURALES


Doñana habitada

El Parque Nacional de Doñana alberga uno de los ambientes más singulares y ricos de España, el humedal, del que es quizás su máximo exponente en Europa. Se asienta sobre la depresión del Guadalquivir y, por tanto, su origen y evolución son producto del cierre y relleno constante del estuario del río.

Doñana y su comarca son tierras llanas encajadas entre las antiguas terrazas del río; de este modo, la ausencia de relieves acusados es el rasgo más distintivo y más impresionante de este territorio. En la inmensidad horizontal de las marismas, las únicas referencias claras son los árboles aislados y las escasas construcciones que aparecen como espejismos en los ardientes veranos.

Este territorio ha acogido durante milenios a sucesivas culturas con una economía basada en el aprovechamiento de las ricas tierras, arroyos, ríos y mar que ofrecían pastos para el abundante ganado y variada caza y pesca; miel, sal y materias primas para sus herramientas y viviendas.

Los límites o fronteras de Doñana son sus gentes; un variado mosaico humano, repartido hoy día por las poblaciones aledañas y ciertos enclaves del Parque. Los paisajes de Doñana han sido modelados por sus habitantes a través de unos usos respetuosos con la naturaleza que aportan un alto grado de diversidad a uno de los territorios mejor conservados del viejo continente.

La Historia de Doñana se pierde en las sombras y leyendas lejanas de los Tartessos. ¿Estará la mítica  arshish bajo las arenas de Doñana como imaginó Schülten?, ¿serán los ganados marismeños descendientes de los fantásticos toros del rey Gerión?

Durante años la pesca, la agricultura, la ganadería y la caza han caracterizado el talante de este territorio y han propiciado un modo de entender y vivir especial en las gentes de Doñana. De otro lado, su mantenimiento como grandes latifundios en manos de la nobleza o la burguesía hasta su declaración como Parque Nacional y su uso casi exclusivo como cazadero, han permitido mantener estos lugares extraordinariamente conservados hasta hoy.

Trasiego de gentes

Doñana no puede entenderse sin comprender la íntima relación humana con la naturaleza que ha hecho de este territorio lo que es hoy día.

Los primeros pobladores descubrieron la infinidad de oportunidades que se les ofrecía. Desde entonces, la pesca, la caza, la ganadería  y la recolección de diversas materias primas han sido las principales actividades, modos de vida muy ligados al aprovechamiento de los recursos que han marcado una particular manera de entender la convivencia con el medio. Hoy algunos de estos usos tradicionales han desaparecido, como el carboneo, y otros  perviven con las inevitables modificaciones que hacen el trabajo más cómodo y rentable.

Antaño se vivía en chozas, algunas todavía en uso, que se elaboraban a partir de vegetación y otros materiales cercanos. Una estructura sólida de madera de sabina, una primorosa cubierta de castañuela o junco, una solería pacientemente elaborada con barro y conchas marinas y algunas arpilleras blanqueadas con cal que aislaban las habitaciones, servían para construir la casa de familia. La unidad familiar lo constituía el Rancho, que se rodeaba con vallas de brezo y en su interior se instalaban varias chozas, gallineros, un pozo, porches y arriates de flores. La choza principal servía para cocinar y hacer la vida, y las segunda y tercera servían de dormitorios en las familias numerosas.

Cerca de las viviendas se concentraban otras chozas más humildes que servían de cuadras.

En los alrededores de estos poblados había huertas, a veces comunales y otras privadas, que los propios pobladores construían excavando pequeños bancales de poco más de medio metro de profundidad y rodeaban de una valla de brezo para evitar que los grandes herbívoros terminaran con la cosecha. La humedad propia del terreno y la proximidad del agua subterránea tocando las raíces de las hortalizas, hacía innecesario el riego, a la vez que permitía varias cosechas anuales.

Cada familia disponía de sus propias colmenas que eran atendidas por los más ancianos. Un cilindro de corcho de los alcornoques era todo el material necesario para instalar los enjambres.

Además de la caza de aves, liebres, conejos y grandes herbívoros, en primavera se recolectaban los huevos de las acuáticas y un poco más tarde, los patos «mancones», a los que la muda de las plumas impide temporalmente volar.

Las grandes monterías se reservaban para los propietarios y sus invitados, con frecuencia visitantes ilustres, y para los arrendatarios; en estas ocasiones los guardas participaban acorralando la caza.

Otra actividad habitual era la pesca, bien en el mar, en el río o en caños y lucios marismeños. Durante siglos las grandes almadrabas atuneras, instaladas a lo largo de la costa por el Ducado de Medina-Sidonia, contribuyeron a crear un modo de vida particular que perduró hasta bien entrado el siglo XX.

Tareas periódicas como la recolección de espárragos, horquillas para la recogida de las piñas de donde se extraían los piñones, sanguijuelas… ocupaban y aportaban ingresos extra para el sostenimiento familiar.

Las salinas, probablemente de origen romano, cuyos restos perviven en el interior del Parque, permitían extraer la sal necesaria para el consumo diario y ofrecían trabajo a un buen número de personas en las diversas temporadas.

De todas los elementos culturales que representan a Doñana y su Comarca, el caballo y la espiritualidad son los más arraigados. La saca de las Yeguas, con más de 500 años de antigüedad, es una tradición que se repite cada año cuando ganaderos de Almonte recogen al ganado caballar que pasta en la marisma para llevarlo hasta Almonte, donde se preparan para la feria del ganado en torno a los días de San Pedro, su patrón.

La devoción a las diosas ya se constata en este territorio desde muy antiguo. El yacimiento de El Tesorillo, en La Algaida (Sanlúcar de Barrameda), parece haber estado en uso desde principios del siglo V hasta el siglo I a. C. y sabemos que acogió un santuario portuario prerromano, al que acudían los navegantes, comerciantes y viajeros para invocar la protección de una diosa astral. Se trataba fundamentalmente de un lugar de culto, donde se ha hallado numeroso material votivo y otros restos relacionados con ofrendas; lugar de culto de la diosa Astarté, fenicia o tartesa, la diosa romana Venus, y muy probablemente, el lugar que Estrabón, geógrafo e historiador griego de los siglos I a.c. y I d.c. llamó Luciferi Fanum, quod vocant lucem dubiam: “El Templo del Lucero al que llaman Luz Dudosa”

Unos siglos más adelante, el culto a otra diosa, ésta cristiana, la virgen de las Rocinas o Virgen del Rocío, supone la mayor movilización de personas en este territorio, ya que cada lunes de Pentecostés cientos de miles de personas se dirigen a la Aldea del Rocío, en el borde de la la Marisma del Parque Nacional de Doñana para rendir devoción a la Virgen del Rocío, madre de las Marismas.

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